Malos presagios

El secesionismo parece prepararse para una declaración de independencia tras la renuncia de Puigdemont a acudir al Senado

El presidente de la Generalitat ha rehusado finalmente acudir al Senado para defender de viva voz sus alegaciones a la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Su decisión alimenta los peores augurios. Cabe temer que la renuncia de Carles Puigdemont a personarse en la Cámara alta responda a la intención de declarar unilateralmente la independencia en el pleno del Parlamento catalán convocado para esta tarde y mañana. Esa eventual medida podría ir acompañada de la convocatoria de unas elecciones con la pretensión de abrir una etapa 'constituyente' y avanzar en el proceso de ruptura. El aventurismo suicida e irresponsable de Puigdemont ha conducido a Cataluña al borde del precipicio. Llegados a este punto, solo tiene dos alternativas. La primera: la protección del autogobierno de una nacionalidad histórica, que tanto costó recuperar, mediante el regreso a la legalidad. La segunda: una profunda intervención de la comunidad por parte del Estado al amparo del 155; un terreno inexplorado en cuatro décadas de democracia, de imprevisibles consecuencias, no exento de peligros y de todo punto indeseable. El pleno del Senado aprobará mañana esta vía salvo que el secesionismo rectifique a última hora en su desafiante desprecio a las normas más básicas de un Estado de Derecho. Si así sucediera, los únicos responsables serán Puigdemont y sus compañeros de viaje. El presidente de la Generalitat aún está a tiempo de evitarlo. Puede bastarle con un adelanto convencional de las elecciones autonómicas y con evitar una declaración de independencia. Así se lo han aconsejado numerosos representantes de la sociedad catalana, el Gobierno central, el PSOE, el PNV y hasta algunos de sus consejeros. Llamar a las urnas como lanzadera para la constitución de una república propia difícilmente evitaría la aplicación del 155, que el secesionismo parece empeñado en emplear como argumento victimista para dar el definitivo salto en el vacío. La trascendencia histórica de la encrucijada a la que se enfrenta ha abierto apreciables grietas en su seno sobre el camino a seguir. Los acontecimientos de las últimas horas no invitan al optimismo. Pese a las discrepancias surgidas en los momentos previos al debate del 155 en el Senado, el Partido Popular, los socialistas y Ciudadanos están obligados a actuar al unísono cuando Puigdemont parece a punto de formalizar la ruptura entre las instituciones que encabeza y el Estado constitucional.

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