LA MALA EDUCACIÓN

MARCELINO IZQUIERDO EL CRISOL

Los atascos provocados por el temporal en las carreteras riojanas, sin olvidar el caos en la AP-6 -¡que Madrid también existe, oiga!-, hacen aflorar los siglos de déficit que acumula España en materia de educación y de civismo. Es verdad, como cuentan algunos de los conductores atrapados por la nieve, que en ciertos tramos de las vías afectadas, la solidaridad y el bien común reinaron por encima del egoísmo y la grosería. Pero fue la excepción que confirma la regla.

En realidad, la mayoría de los problemas que atenazan a los españoles, como individuos y como sociedad, derivan del bajo concepto que tienen de la educación y del civismo. La mala praxis de determinados conductores no es excusa para que las autoridades echen al ciudadano la culpa de todos los males, porque ellos también deben cargar con su parte alícuota de responsabilidad.

Sufrimos un bucle endémico de irresponsabilidades compartidas y no resueltas, una cinta de Moebius que se traslada a todos los ámbitos de la vida del país.

De hecho, no se entendería, si España atesorara índices aceptables de educación y de civismo, que cientos de políticos corruptos -algunos encausados y otros, todavía no- continúen aferrados a sus cargos; que un condenado y con otro ramillete de causas abiertas como Rato pontifique, sin ambages, en la tribuna que sustenta la soberanía nacional; que aún se siga elogiando desde órganos oficiales a un dictador como Franco, uña y carne con Hitler y Mussolini; que la Generalitat vulnere con reiteración y alevosía la ley y la justicia y, además, sea respaldada en las urnas por millones de catalanes...

Y pensar que cuatro integristas se cargaron Educación para la Ciudadanía...

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