Del Madrid y del Barça

FÉLIX CARIÑANOS

Sí, ya sé que a algunos de ustedes les resultará bastante raro que yo afirme desde el inicio de estas modestas pero sinceras líneas que soy simultáneamente fan, perdón, hincha de las dos poderosísimas escuadras futbolísticas citadas en el título, pero a mí no se me hizo demasiado extraña la primera vez que probé en Zaragoza migas de pastor sacramentadas con granos de uva; es que en mi pueblo ese condimento no se estilaba. Abordo este tema del balompié porque el denominado por muy amplias masas deporte rey me encanta y, puestos a pasar buenos ratos en esta vida, prefiero experimentarlos con dos equipos, a diferencia de tanto personal que las pasa canutas sacrificando su mente y su garganta en aras de un equipillo de nada. Parece mentira.

A este rato pensaba yo -ni ustedes- en aquellos tiempos de la Copa del Generalísimo que el fútbol iba a medrar tanto como droga, dispensen, esparcimiento precisamente en plena democracia. ¿A que no llenan de forofos el Bernabéu o el Camp Nou entre todos los Premios Nobel de los últimos veinte años? Ah, pues eso. Y no me vengan con que todo aficionado lo ha de ser de un conjunto nada más; a mí siempre me han atraído más los chorizos de domingo que los de sábado, y mucho más cuando estos dos amores no me cuestan una peseta, perdonen, un euro, que ya soy europeo.

Da gusto observar la evolución del mencionado espectáculo. Esta semana he oído que uno de mis dos clubes ha puesto a una de sus estrellas una cláusula de rescisión de setecientos millones de euros, lo cual, por lo que tengo entendido, es una cantidad bastante seria. La seriedad ha sido siempre una de las señas de identidad de este juego. Por todo lo referido, aconsejo a los seguidores balompédicos que, puestos a elegir, dirijan su pasión hacia los dos conjuntos de mis entretelas. Tanto monta monta tanto / el Messi como el Cristiano; hasta en pareado se lo comunico. De este modo gozarán ustedes de multitud de buenos ratos. Precisamente nada más acabar de redactar este articulillo voy a enviar un guasap a Florentino para que vuelva a soltar la pela, perdonen, la plata y el Madrid -Real, ojo- torne a devolver a su afición -y a la mía- al Olimpo donde ha fijado su morada uno de los vellocinos de oro más impactantes de nuestro amado país.

En definitiva, si ustedes ansían vivir lo más contentos posible aprendan de los dúos de la felicidad. Escuchen a Belén Esteban y a Ada Colau; lean a Bécquer o prueben con Gloria Fuertes; utilicen el móvil y, de paso, no olviden el silbo gomero; intenten mejorar a Fofó y a Puigdemont e incluso a Menéndez y Pelayo (estos dos últimos no sé muy bien quiénes son); verán cómo aumenta su autoestima. Yo, como mantengo mi tesis de que en la variedad está el gusto, ya estoy preparando mi voto para las próximas elecciones: va a ser para el partido de la CNT o para alguna formación de los Verdes. Al enviar esta columna a mi Maite para que le eche un vistazo, me hace ver lo siguiente: «A ver si te enteras, chato, / CNT es un sindicato». Qué bonito me corrige, hasta en verso.

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