Macron y su desafío a los escépticos

AMELIA GUISANDE GONZÁLEZ

En los ya transcurridos primeros días del mes en curso, diversos medios de comunicación se han hecho eco en sus páginas del primer encuentro programado entre el presidente de la Conferencia Episcopal Francesa junto a destacados representantes de organizaciones católicas, y el presidente de la República, Emmanuel Macron, a fin de recomponer las deterioradas relaciones entre el Estado y la Iglesia.

En el citado encuentro, el presidente, acompañado del ministro del Interior como encargado de las relaciones con las distintas confesiones religiosas, reconoció la forma de trabajar que la Iglesia viene desplegando en el país vecino, pero también les pidió servir a la República mediante su compromiso y participación en el debate político nacional.

Cada día en las Iglesias de Francia afirmó el presidente, se lleva a cabo la acogida de personas que han experimentado en su vida algún tipo de ruptura entre sus principios y creencias y la realidad. Y añadió: «Para mí la Iglesia no es esa instancia que demasiado a menudo se caricaturiza como la guardiana de las buenas costumbres. Lo mejor de la Iglesia es esto: Una voz amiga que responde a quien interpela, a quien duda, a quien vive en la incertidumbre, en un mundo en el que el sentido siempre se escapa y siempre se reconquista»...

La Iglesia, para el presidente francés es un punto de referencia necesario, pues no cede al talante de las épocas, y tampoco su tiempo coincide con el del mundo ni con el de la política.

Es a esa iglesia que hace suya y abraza la pobreza denunciando sus causas y combatiéndolas, a la que pidió Emmanuel Macron su colaboración, haciendo donación de su sabiduría, de su compromiso y de su libertad espiritual.

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