EL MACROJUICIO

MANUEL ALCÁNTARA

El 'caso de los ERE' se ha convertido en un caso clínico y los médicos discuten sobre su tratamiento. Los remedios son buenos, pero la enfermedad es todavía mejor. He conocido a Chaves y a Griñán, si bien superficialmente, que es la única manera de conocer a los políticos profesionales. Eran personas cultas, afectuosas y responsables, pero les tocó vivir en el laberinto que ellos mismos diseñaron, solo o con ayuda de otros. El miércoles próximo se sentarán en el banquillo, que es un lugar incomodísimo, pero donde caben todos. Les deseo suerte porque la inocencia de nada les vale. Se va a debatir el que llaman el «mayor caso de corrupción en España» y los dos expresidentes de la Junta de Andalucía, que pasaron por allí, cometieron el error de quedarse. Estamos hablando de la comunidad autónoma más poblada de España, que además es la única que no ha variado el color de su bandera ni el color de la tez de los gobernantes, lo que de verdad es una plusmarca en cuarenta años de democracia. No van a caber todos en el banquillo y habrá codazos para salirse. Demostrar la inocencia es mucho más difícil que probar la culpabilidad, pero ambos sectores corren el mismo riesgo: que no les crea nadie.

Cuando a santa Teresa la sorprendieron sus fervorosas adictas bordando un cañamazo, se disculpó diciendo: «Cosas son estas para distraer la espera». El cardenal arzobispo emérito de Madrid, Rouco Varela, quien guarda muy poco parecido con el cardenal Cisneros, cree que refugiarse en la memoria histórica no es lo más oportuno que puede hacerse en el arranque del siglo XXI en España. En su docta opinión hay que dar por finiquitada esa manera de contemplar la patria de todos como partida en dos Españas. ¡Qué fácil es aconsejar un asiento confortable a los que están en pie de guerra! Quizá el macrojuicio reparta equitativamente las butacas, pero hay más posaderas que asientos. Por eso viene los codazos.

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