DE CÓMO LUIS CANDELAS SALVÓ A OLÓZAGA

MARCELINO IZQUIERDO - EL CRISOL

El Nuevo Cinema de Arnedo, dentro de La Rioja Tierra Abierta, luce un magnífico óleo de Salustiano Olózaga pintado por Antonio Gisbert, autor también del 'Fusilamiento de Torrijos'. Cuando contemplen el retrato de este arnedano nacido en Oyón, recuerden que se trata de uno de los personajes más novelescos del siglo XIX español. Olózaga lo fue todo: diputado, gobernador, ministro, maestro y (dicen) amante de la reina, jefe de Gobierno... y amigo del bandolero Luis Candelas.

Es Luis Candelas un ladrón de guante blanco que se jacta de no tener delitos de sangre y de compartir amante con el mismísimo Fernando VII. Entra y sale de prisión como Pedro por su casa y en una de estas vacaciones entre rejas conoce a Salustiano Olózaga. En plena Década Ominosa, aborta el Gobierno una conspiración liberal, promovida desde Francia por Espoz y Mina, en la que se ven implicados el librero Antonio Miyar y el propio Olózaga. Miyar es ejecutado y la misma suerte espera al político riojano. Pero la ayuda de Luis Candelas, catedrático en fugas y evasiones, le libra de la muerte gracias a un intrincado engranaje de sobornos.

Horas antes de desfilar hacia el patíbulo, don Salustiano es rescatado de su celda por el bandido de Lavapiés y aunque en la puerta del presidio trata de convencer Olózaga a Candelas para que lo acompañe, éste se niega, pues ha empeñado su palabra de no escapar. Y en esta porfía se hallan ambos cuando los carceleros la emprenden a trabucazos. Arrojando monedas de oro y esgrimiendo un pistola, el intrépido riojano amenaza: «¡Onzas y muerte llevo!».

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