¿Hasta dónde se va a llegar?

La represión no ha de ser la protagonista. Negros nubarrones acechan sobre la jornada del anunciado referéndum

MARGARITA SÁENZ-DÍEZ

Ese referéndum no se va a celebrar. Se hará todo lo necesario «sin renunciar a nada» para evitar que haya urnas, Mariano Rajoy dixit. La Fiscalía General del Estado considera que el Govern ha cometido varios delitos, también el de malversación, para el que el Código Penal prevé penas de prisión. El Tribunal Constitucional suspende leyes y decretos que convocan la consulta o preparan la llamada desconexión, mientras los afectados replican, despectivos, con un ligero encogimiento de hombros.

¿Por dónde y cómo se romperá ese tira y afloja? Esta es la gran cuestión que esconden los planes de unos y otros para el 1-O, fecha en la que está prevista la consulta. Necesariamente, todo estará estudiado porque el pulso a dos manos toca a su fin. Un velo espeso envuelve los planes, pero los respectivos servicios secretos estarán al cabo de la calle. Sin duda. Méndez de Vigo, el ministro portavoz, finalmente ha admitido que el Gobierno teme que en esa jornada se produzcan episodios violentos.

Sabemos que la Fiscalía exige a los Mossos, a la Guardia Civil y a la Policía Nacional, que pueden actuar como Policía Judicial, que adopten las medidas necesarias para impedir la celebración del referéndum. ¿Cuáles? ¿Hasta dónde? Los métodos para desarticular grupos molestos son viejos conocidos: mamporros a diestra y siniestra, manguerazos que tumban al mejor plantado, inmovilización del que cayó al suelo, gases lacrimógenos, pelotas de goma, detenciones...

También son conocidas las tácticas del cordón de personas preparadas para recibir golpes, como autoprotección o como estrategia para una posterior denuncia por represión policial. En la Barcelona del 2001, los invisibles se protegieron con escudos que exhibían imágenes de personas excluidas de la sociedad, durante las protestas contra el Banco Mundial.

Todo esto, sin descartar la bienintencionada fórmula de tender puentes, razonar sin rabia, aguantar sin ira e incluso abrazar a los concentrados, como ocurrió en Chile, en 2011, entre la policía y los indignados estudiantes.

La nutrida tribu de independentistas catalanes continúa la escalada sin guardar siquiera las buenas maneras parlamentarias. Las instituciones del Estado guardan otra carta que puede inflamar la hoguera: la aplicación del polémico artículo 155 de la Constitución que anularía en la práctica la autonomía de Cataluña.

Nadie ignora que este ciclo de confrontación se agota, y que la creación de nuevos mártires es un camino de difícil retorno. De momento, el presidente Carles Puigdemont parece tener a punto las maletas para regresar a Girona. Su experiencia al frente de una rebelión ilegal sin precedentes toca a su fin.

El 2 de octubre habrá que analizar otro panorama. Estaremos en ello.

Fotos

Vídeos