Leopoldo López, en casa

En lo que parece una de las pocas decisiones juiciosas del régimen venezolano, el tenaz opositor Leopoldo López, condenado en septiembre de 2015 a 13 años de prisión, fue trasladado a su domicilio para seguir allí el cumplimiento de la pena. La medida debe ser insertada en la crítica situación institucional a que ha llegado el país, acompañada por la temida aparición de la violencia política. López, un social-liberal vástago de una familia de políticos, ha resultado ser un batallador infatigable. Su partido, Voluntad Popular, no es de los mayores y está integrado en la opositora Mesa de Unidad Democrática, que domina la Cámara baja. No ha recuperado su libertad, pero el gesto de su traslado a casa debe serle atribuido como un triunfo de su firme voluntad en su decisión de enfrentarse al proyecto neochavista en ciernes. Él es a día de hoy el emblema más reconocido de la oposición y su vuelta a casa es, al menos, un éxito personal y político hijo de su carácter y que solo merece congratulaciones.

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