La labor policial

La buena respuesta de los Mossos no debe impedir que se investigue el fallo de seguridad de no detectar una célula de tal envergadura

Los Mossos d'Esquadra han desempeñado con acierto todo el protagonismo policial en el desentrañamiento de los atentados del pasado día 17 en Las Ramblas de Barcelona y, ya de madrugada, en Cambrils. El atropello masivo en la gran arteria barcelonesa se produjo por sorpresa y, como es lógico, no pudo ser contenido, pero la alerta lanzada inmediatamente sí surtió efecto en la localidad tarraconense, donde los terroristas fueron abatidos sin contemplaciones por los efectivos policiales cuando, volcado su vehículo, se disponían a agredir a la población. Asimismo, la Policía fue ágil al relacionar la explosión del chalet de Alcanar, también en Tarragona, con las acciones violentas, y aunque el conductor de la furgoneta que arrasó Las Ramblas logró sortear por la fuerza la 'operación jaula' y huir de la capital, la colaboración ciudadana fue bien aprovechada por la Policía para abatir también al último terrorista huido. La buena respuesta a las acciones yihadistas no debe impedir sin embargo que se investigue a conciencia el fallo de seguridad que supone la organización no detectada de un comando de tanta envergadura, dispuesto a incendiar Barcelona como reconoció ayer el activista herido en Alcanar que fue interrogado por el juez Andreu. También habrá que esclarecer cómo ha sido posible que un personaje turbio como el imán de Ripoll que enfervorizó a los jóvenes musulmanes, que había tenido cuentas pendientes con la justicia española y que ha viajado con frecuencia fuera de España, haya llevado a cabo tan complejos preparativos sin ser molestado. La aclaración de todo ello habrá de redundar en la seguridad futura, obviamente. El papel de los Mossos ha sido transparente, gracias en buena medida a la claridad y solvencia del mayor del cuerpo -máximo cargo profesional- Josep Lluís Trapero, nombrado el pasado abril por el anterior director (político) del cuerpo, Albert Batlle, después de que el puesto permaneciese vacante desde 2007. Batlle, tibio con el soberanismo, dimitió en julio, y ha sido sustituido por Pere Soler, soberanista convencido, al igual que el nuevo consejero de Interior, Joaquim Forn (sucesor del también dimitido Jordi Jané, otro moderado). La profesionalidad de Trapero es una garantía de que este cuerpo preservará el marco constitucional y la legislación vigente, que es el fundamento de su labor y la garantía de la seguridad de todos.

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