EL DÍA DEL JUICIO

MANUEL ALCÁNTARA

Será en otoño, cuando las hojas caigan y las musas engorden. El Tribunal Supremo tiene previsto iniciar el combate contra el 'procés' cuanto antes, pero le falta decidir la fecha para festejar los aniversarios. El Alto Tribunal ya tiene acreditados los delitos de malversación y sedición, pero los jueces no tienen claro las fronteras del de rebelión. Ni los rebeldes tampoco. Se barajan las penas, pero eso es algo que no solo depende de los tahúres, así que paciencia y seguir jugando en lo que en otros tiempos se llamaba 'el verde tapete prohibido'. Los delitos de malversación y sedición acarrean penas y pesadillas y nadie quiere transportarlas. Unos piden un castigo de ocho años, y otros, menos benévolos, de hasta quince, así que lo mejor sería aplazar el juicio antes de que todos pierdan la chaveta.

La palabra nunca es la que más se parece a siempre, porque ambas aluden a dos inmensidades. Mientras, las principales pruebas del delito de sedición se encuentran en la hoja de ruta hallada en el registro de la Guardia Civil en la Consejería de Economía, que siempre disfruta de malos consejeros. Actuaban, siempre presuntamente, pero de manera concertada, para obtener la independencia, saltándose las leyes, sin duda para demostrar su agilidad. Si el bloqueo no es completo es porque Puigdemont no ha regresado todavía, con todos los deshonores.

La Fiscalía ha advertido al prófugo de que la inmunidad no le libra de la cárcel, donde siempre hay sitio para algunos, aunque no quepan todos. Ahora, Rajoy ha pasado a la ofensiva, harto de defenderse. Quiere contener a Rivera y habla de deslealtad. Un lenguaje que entienden todos. Incluidos los que hablan por señas, que es nuestro dialecto favorito para conseguir no entenderse hasta el día del juicio.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos