LOS JUEGOS DEL HOMBRE

CARMEN NEVOT - ARRANCHAR A SON DE MAR

No voy a disimular que hoy seguramente me habré levantado de otro ánimo, con la sensación de que queda menos para que todos dejemos de hablar de Cataluña y su 'procés'. Mi hartazgo es directamente proporcional al hastío que me produce una cuestión que se arrastra en el tiempo y está encallado en una mentira colectiva para los independentistas que, de tanto repetirla, están convencidos de que se ha convertido en verdad suprema, por encima de ese «estado opresor», dicen, que ha lanzado sobre ellos el furibundo artículo 155. En fin, entre ciertos sectores de Cataluña se ha asentado una especie de histeria colectiva que durante los días de campaña, que afortunadamente pusieron ayer su broche final, Puigdemont se ha encargado de azuzar, como quien derrama un bidón de gasolina sobre una sartén en el fuego. Pero lo hace desde la más miserable de las cobardías, a distancia, desde su refugio en Bruselas, después de su huida premeditada y alevosa a la capital belga. Ahí, en su fuga, en la que le acompañaron cinco de sus 'consellers', se ha convertido en el hombre que juega a ser y creerse todavía el 'president'. En Cataluña dejó al resto de su equipo y los dejó a los pies de los caballos para convertirlos en mártires de la causa, pero en prisión, mientras él se convertía en el mártir en el exilio que disfrutaba de la libertad. Mide los tiempos y sus intervenciones, mientras echa una arriesgada partida a dragones y mazmorras. Mañana, 21D, se completará una nueva etapa y de su resultado dependerá que se acaban de una vez los delicados y peligrosos juegos del hombre y Cataluña regrese a la casilla de salida de la normalidad.

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