JUANA NO ESTÁ EN MI CASA

CAUTIVO Y DESARMADO - PABLO ÁLVAREZ

Nos encanta comprar historias. Nos gusta, de hecho, mucho más que enterarnos de la pura realidad. Que no es lo mismo. Las historias tienen la ventaja de ser predecibles; los buenos son los que uno espera, y los malos también. Pero la realidad es bastante más puñetera, llena de tonos grises, aristas y esquinas en las que no da la luz.

Decenas de miles de españoles han comprado una historia en el caso de Juana Rivas, la española que ha huido con sus dos hijos para no entregarlos a su marido, como ordena la justicia. La historia estaba escrita ya de antes: mujer maltratada, marido hijodeputa, justicia injusta. Con eso, miles y miles de personas se han lanzando a apoyar a la mujer, sin matices ni precauciones, al grito bienintencionado de #Juanaestáenmicasa.

Y quién sabe. Puede que esa historia y la realidad se parezcan. Pero también puede que no. También puede que la historia que cuenta el marido sea verdad; y aunque la justicia no sea perfecta, que varias instancias hayan dado la razón al hombre es motivo para, al menos, escuchar más y gritar menos.

Yo sinceramente no sé quién tiene la razón en este caso. Y para opinar con cierta justicia me falta haber estado donde nadie ha estado: en aquella casa, con aquella pareja y esos niños.

Pero veo con enorme desáni-mo cómo para tanta gente no existe la precaución. No, Juana no está en mi casa, y no creo que debiera estar en la de nadie y menos huyendo con dos niños que, ésos sí, seguro que son inocentes. Quizá convendría dejar de confiar en las historias que nos gustan, y mirar más la realidad. Que no es una peli.

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