La Italia que viene

Donde el Gobierno de Roma sí puede tratar de alterar un pacto europeo es en inmigración

Giuseppe Conte presidirá un Gobierno de coalición italiano con el que muy pocos contaban, a pesar de que representa la suma de dos formaciones con parecida sensibilidad populista y anti-europea, la Liga y los 5 Estrellas. El profesor florentino es también un abogado experto en quiebras, tal vez un guiño de humor de los estelados, siempre que no haya falseado esa parte de su curriculum. Conte carece de experiencia política alguna, es fruto del compromiso entre las dos mitades del Ejecutivo y solo recuerda vagamente a los altos perfiles técnicos -Mario Monti, por ejemplo- a los que se recurre en Italia cuando el país tiene que salir del atolladero.

Nadie sabe cuánto poder real ejercerá, pero aventuro que más de lo que se espera, por su posición arbitral dentro del Ejecutivo. En sus primeras declaraciones ha dado marcha atrás en las tesis más radicales contra la moneda común europea y las exigencias macroeconómicas para que ésta funcione. Es muy posible que en poco tiempo su Gobierno simplemente olvide las variadas promesas de la campaña electoral, desde una consulta para salir del euro a descuadrar las cuentas públicas o no pagar parte de su deuda. La propia supervivencia de la moneda, y por lo tanto de la UE, se vería amenazada si la tercera economía de la zona euro juega alegremente a la ruleta rusa.

En un país occidental cuando llega al poder el populismo, en cualquiera de sus muchas formas, no tiene un modelo de cambio y necesita adaptarse a la realidad. Es la parte positiva de dar voz a los que se sienten fuera del sistema e invitarles a entrar en las instituciones. El ejercicio del poder es de una complejidad infinita y más desde la debilidad de ser un país deudor y sometido a un continuo escrutinio desde las instituciones de Bruselas y los mercados. Alemanes y franceses ya han dicho claramente que hay unas obligaciones económicas esenciales para todos los socios. Emmanuel Macron se resiste a hacer frente común con la Liga, a pesar de que se propone en los próximos meses debilitar la hegemonía alemana en el diseño del gobierno económico de la Unión.

Donde el nuevo Gobierno de Roma sí puede tratar de alterar un pacto europeo ya muy debilitado es en materia de inmigración. Italia ha tenido que hacer un enorme esfuerzo de acogida y atención a los recién llegados durante la crisis migratoria. Por influencia de la Liga puede ahora adoptar medidas como Hungría o Austria de control férreo de fronteras, además de realizar las expulsiones anunciadas. En todo lo demás es muy difícil hacer previsiones, salvo que en el debate en marcha sobre el futuro de la UE los italianos influirán poco, incluso menos que en momentos pasados de gran inestabilidad política. Otra cosa es que sigan sabiendo mejor que nadie colocar a sus dirigentes en las instituciones europeas.

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