La irrelevancia exterior de España

El Gobierno busca una vicepresidencia del BCE que compense la mínima presencia del país en los focos de poder de la UE

España lidera el crecimiento económico entre los grandes de la UE tras superar una aguda recesión. Es el alumno aplicado de la clase, lo que ha empujado a los líderes de la Unión más ortodoxos a ponerle de ejemplo por la profundidad y el éxito de las reformas -obligadas en la mayoría de los casos- que ha emprendido en los últimos años. Y la cuarta potencia del euro. Una realidad que contrasta negativamente con su infrarrepresentación en las instituciones europeas y en otros organismos internacionales. Su irrelevante peso en los principales focos de poder de la UE no es ajeno al millonario rescate financiero que necesitó en 2012, a la desconfianza que suscitó en su día su gestión de la crisis bancaria -que los gobiernos de turno negaron y el Banco de España solo vio cuando ya había explotado- y a los evidentes errores en la estrategia diplomática del Ejecutivo. Ni siquiera los tradicionales equilibrios regionales que, junto a la potencia de cada país, están detrás del reparto de los cargos más relevantes en la UE han impedido la práctica desaparición de España de los grandes centros de decisión durante los últimos años. Con el coste (real y de imagen) que comporta esa carencia. Tras los reiterados y fallidos intentos por colocar a Luis de Guindos al frente del Eurogrupo -al final, el cargo será para el portugués Mario Centeno-, el Ejecutivo se ha movilizado para amarrar una vicepresidencia del BCE. Desde 2012 España está fuera del directorio del Banco Central Europeo, en el que aspira a situar al propio De Guindos. El Ejecutivo, incapaz hasta ahora de materializar en puestos relevantes su supuesta influencia y peso en Europa, no puede permitirse un nuevo fracaso en este terreno. Un país mucho más modesto, como Portugal, cuya economía ha estado intervenida durante años por los 'hombres de negro', ocupa en este momento la silla del BCE por la que suspira España, acaba de hacerse con la presidencia del Eurogrupo y tiene a Antonio Guterres en la Secretaría General de la ONU. En este caso, España cuenta con la ventaja del apoyo de Alemania, el gran centinela del BCE. De prosperar ese movimiento, Rajoy se anotaría un tanto y, a la vez, tropezaría con un problema: la necesidad de sustituir la próxima primavera a su ministro de Economía, uno de los bastiones de su Gobierno.

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