Intimidades

RICARDO ROMANOS

Querido diario: Era hoy una mañana muy bonita, la del viernes pasado, cuando esto te escribí, te escribo. Me levanto pronto, y ese tazoncito de leche con polvos de café de pobre y que tan bien me asienta, me pone al día. Me pone. Ya se intuye que se va a templar la gaita de la temperatura, solecillo y nubes se avecinan tras los cristales, coño, todavía no han apagado las farolas. Bien, bueno, pero que siga lloviendo, luego, o pasado mañana. Que llueva, que nieve, la Virgen de la Cueva, que sí, que no, que caiga un chaparrón, aunque nos rompa los cristales de la nueva estación. Y así tarareo en la ducha, hoy toca, ya sabes, esa dicha jabonosa. Oh, he acá mis pulgueritos de astronauta, cariños míos, un hito tecnológico para la dignidad invernal que merecen mis perniles. Rápido rasure. Y corriendo corriendo, que llegas tarde a la cita. Prometedora entrevista con una actriz de carácter, aunque haya que darle alguna que otra vuelta al texto, se le notan los años, ay, cómo pasa el tiempo. Pero me gusta el asunto, curro guapo, cañita al mono y pedazo de personaje de la Rame, doña Franca, la compa del Fo, sublime bufón. Sobre los papeles asoman las primeras cosillas con otro café. En el Pasapoga, sublime café. Así que cuando salimos hay más sol que nubes, o eso parece. Y con decirte que llego al portal de tu casa y la mía y me encuentro con don José Luis y don Carlos María, ya está todo dicho. ¿Me harían el honor vuesas mercedes de dejarse agasajar en esta su casa con un vermú? Acceden gustosos a mi pretensión. Y para qué te voy a contar si tú sabes casi todo sobre mí. Y sobre los tres, algunas cosillas de nuestros vicios que no vienen al caso. Así que, cómo no va a salir en la humeante parla, y ante el sangriento y estimulante Lacuesta, el descojone capitán general del temario catalán. A nuestra edad y con esa ridícula preñez encima, ya ves tú, qué no haría el Fo con ese esperpento. Decíamos ayer que tal hazmerreír no puede verse de otra manera que no sea con prismáticos y a lo Spitting Image, aquellos monigotes, aquellos títeres deslenguados tan añorados en estos tiempos sinvergüenzas. Y nos da por argumentar algunos capítulos. Nos meamos, nos partimos, ya te escribiré. Y es que el míster Puchdelmonte, mucho míster, resulta ser ahora un sufrido exiliado ¡de izquierdas! Como su partido, tan sensible a lo social él. No extraña, pues, que las ratas abandonen su nao. Tiene tela el asunto, qué morrazo el perillán. Pero no se habla de otra cosa: ¿se presentará para su investidura en imago poética, lo hará en apariencia ectoplasmática?, ¿vía Skipe o por guasap holográfico? No, cuidado, porque si reaparece en proyección fantasmagórica, quizá sí o quizá no, le pueden meter el puro mariano por el Artº. 146, mas si compareciere reflejado en plasma a mogollón de pulgadas, ay, amigo, las tablas de la ley nada contemplan, de tan antiguas, sobre tales virtualidades y lo podremos admirar en su gloriosa coronación presidencial republicana con Trapero de guardia de la porra de honor. Claro que siempre nos quedará el vudú. Y el flequillo del insigne en el cachondeo del recuerdo, lo que hay que aguantar. Repasamos al Trumpi, ese peligro atómico. Ahora se empiezan a enterar por allí que ese fascistorro burro de oro está como la gaita del Chirri. ¡Pero porqué quitarían aquellos muñecotes de la tele! Vaya lío nos hemos hecho, querido diario, ha sido tal la desazón que hemos preferido cambiar de argumentario y pasar al de las langostas helvéticas, pues resulta que en la patria de los relojes aburridos quedará terminantemente prohibido a partir de marzo el cocinar vivos a tales decápodos sin un previo aturdimiento, sin un humanitario atontolinamiento anestésico. Ante todo, evitar traumas psicológicos. ¿Que perderán sabor? Sin duda. Pero ¿y la placidez espiritual, europea, que puede lograrse al saberse envuelto uno en tan loables y civilizados sentimientos? Ah, qué placer, ante un bogavante anestesiado a la Romesco, poder contemplar en tu plasma y sin desmelenar el quore esas lejanas tragedias mediterráneas, pagada ya la cuota del adormecimiento sentimental animalista... Este mundo es ansí, colega mío. Así nos lo están haciendo. ¿Una vuelta, camaradas? Tras el garbeo, a casa. Y salvo la vida de milagro al paso de un imbécil bicicletero que, a toda hostia, va por la acera de mi calle luciendo habilidades mostrencas, sorteando a lo asesino al personal de a pie. Ya digo, una mañana fetén, bonita, suertuda. Te cierro por hoy, amante, me llaman. Good bye.

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