Por qué internet debe seguir siendo neutral

Es responsabilidad de todos permanecer vigilantes ante cualquier restricción en el acceso y uso de una herramienta que ha transformado nuestro modo de vida

Por qué internet debe seguir siendo neutral
ÁNGEL LUIS RUBIO GARCÍA DECANO DE LA FACULTAD DE CIENCIA Y TECNOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE LA RIOJA

Imagine por un momento que el espectro radioeléctrico (ese espacio intangible por el que circulan las frecuencias de ondas que transmiten las señales de radio y televisión) estuviera controlado, como tal, por una entidad. Supongamos, para entendernos, que estuviera controlado por una empresa. Supongamos que ese control significase que la empresa tuviera la capacidad de decidir qué frecuencias concretas circulan por ese espacio, de manera que la empresa pudiera delimitar, en un cierto periodo de tiempo a lo largo del día, o en una cierta región geográfica (por ejemplo, en La Rioja), que en los receptores de nuestros hogares solo pudiera escucharse una única emisora de radio o sintonizarse una determinada cadena de televisión. Es cierto que el número de emisoras que efectivamente se difunden en una zona concreta es limitado (y la disponibilidad de unas cadenas u otras se regula mediante un sistema de concesiones administrativas que gestionan los diferentes gobiernos), pero la razón para ello es que el espectro radioeléctrico es finito, y es preciso limitar el número de emisoras para garantizar su correcta recepción. Por el contrario, lo que estamos planteando (como ejercicio hipotético) es algo mucho más terrible, y es que pudiera haber una empresa (o varias) a la que se le hubiera otorgado y autorizado la capacidad de controlar ese espectro para 'restringir qué emisoras se pudieran recibir' en cada momento. Esta posibilidad plantearía un escenario extremadamente preocupante, porque sería un método tremendamente efectivo de coartar la libertad de información (y de expresión, y, casi, de pensamiento) de los ciudadanos.

Con algunas salvedades, algo similar es lo que puede significar la propuesta del gobierno estadounidense presidido por Donald Trump cuyo objetivo es que Internet deje de ser neutral. La «neutralidad de la red» es un concepto inicialmente técnico. El Diccionario de la Real Academia de Ingeniería lo define como la «ausencia de restricciones o prioridades impuestas al tipo de contenido transmitido a través de Internet por los proveedores de Internet que permitirían todo tipo de contenidos para ser visto en todos los dispositivos y sistemas operativos». Sin embargo, como ocurre en muchas ocasiones, los conceptos técnicos y las decisiones de tipo tecnológico pueden llevar emparejadas importantes consecuencias de carácter político, cultural y social. Si la red dejase de ser neutral, tal y como se plantea en Estados Unidos, se abriría una posibilidad para que los proveedores de servicios de Internet (muchas veces conocidos por sus siglas en inglés, ISPs, Internet Service Providers) tuvieran la capacidad de, como mínimo, modular el tipo de contenidos o la intensidad de la señal que llegase a nuestras casas. Podrían decidir primar que algunos sitios web fueran más fácilmente accesibles (por ejemplo, que nos conectásemos más rápido a ellos) que otros. Podrían restringir incluso el acceso total a determinado tipo de contenidos (noticias, por ejemplo), sin que de entrada el usuario del servicio pudiera hacer nada para impedirlo (salvo cambiar de proveedor). En Estados Unidos ya se están produciendo casos de alianzas entre ISPs y generadores de contenido (tales como productoras de televisión) que están siendo vigiladas -y, en algún caso, hasta prohibidas- por la justicia estadounidense, pues incluso en un país tan desregulado como el norteamericano, se ha considerado que este tipo de alianzas pueden ser contrarias a la libre competencia.

Es cierto que hoy en día ya existen importantes diferencias en el acceso a Internet. Los proveedores de servicio (en España habitualmente ligados a operadoras de telefonía) ofrecen distintos tipos de conexiones (fibra, ADSL, etc.) y diferentes niveles de servicio y paquetes de contenido. Los ciudadanos con un mayor poder adquisitivo pueden acceder a conexiones de alta velocidad y a contenidos exclusivos, mientras que otros ciudadanos pelean lo indecible para pagar las facturas de suministros mucho más básicos, tales como el agua y la electricidad. Es parte de lo que se ha venido en denominar 'brecha digital', que afecta no solo a las clases más económicamente desfavorecidas, sino también a otros colectivos vulnerables como pueden ser las personas con algún tipo de discapacidad o las que se encuentran en entornos rurales aislados. La posibilidad de que la red dejase de ser neutral es una amenaza real para que esa brecha digital, lejos de disminuir, aumente.

Aunque por fortuna en Europa el debate sobre la neutralidad de la red parece claramente inclinado hacia que esta se mantenga tal y como está en la actualidad (es decir, neutral), debemos tener en cuenta que nos encontramos ante un caso muy diferente al escenario (ficticio) que presentábamos al principio de este texto respecto a las señales de radio y televisión. Y la razón es que, mientras que las señales tradicionales de radio y televisión tienen un alcance local, Internet tiene un alcance absolutamente global, y las decisiones que se tomen en cualquier parte del mundo pueden tener repercusiones directas o indirectas en nuestro ámbito cotidiano. Es innecesario remarcar que Internet es una herramienta omnipresente en nuestras vidas diarias, tanto para el ocio, como para la comunicación, como para el trabajo. Como herramienta, es un reflejo bastante fiel de lo que somos, con todo lo malo y todo lo bueno de lo que es capaz la humanidad. Por ello, es responsabilidad de las instituciones, de los gobiernos, pero, sobre todo, de los ciudadanos, permanecer vigilantes ante cualquier medida que pueda suponer una restricción en el acceso y uso de una herramienta que ha transformado, probablemente de manera irreversible, el modo de vida de las personas de nuestro planeta.

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