Interés general

Dos cuestiones que hoy, y en los últimos días, han merecido la atención de estas páginas acercan de nuevo a la actualidad el eterno e irresuelto debate entre el interés general y el particular. La primera se refiere al trazado de la futura conexión por tren de alta velocidad entre Logroño y Miranda de Ebro y el rechazo que ha suscitado tanto en la vecina Rioja Alavesa, que ya se ha visto liberada de lo que tenía por 'amenaza', como en municipios de La Rioja Alta por los que transcurre alguna de las alternativas entre las que se debate Fomento. El segundo ítem informativo hace referencia al recurso que la patronal del transporte por carretera ha interpuesto ante la justicia contra la norma que obliga a los vehículos de más de cuatro ejes a circular por la AP-68. Los argumentos que en ambos casos sostienen quienes se oponen al futuro nuevo itinerario ferroviario y a la norma que ha sacado los camiones de la N-232 son, en sí mismos, legítimos. Pero atendidos en el contexto de los objetivos que persiguen el proyecto ferroviario -corregir el déficit de infraestructuras del que La Rioja adolece y dotar a la región de un medio de transporte del siglo XXI- y la obligación de los camiones de circular por la autopista -reducir el alto nivel de siniestralidad de la N-232 y evitar pérdidas humanas-, los razonamientos privados encuentran una sólida oposición en la balanza del interés. Es por ello que se hace imperativo conciliar los intereses particulares con el general hasta encontrar el equilibro del fiel, el espacio donde ambos encuentren satisfechos aún a pesar de que ello suponga para ambos la cesión en sus postulados absolutos. Es, en definitiva, el bien común el que se persigue.

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