Insoportable

RICARDO ROMANOS

La semana pasada un pestazo de cuerpo político en descomposición invadió el paisaje de este país. Irrespirable, insoportable. Era tanto el hedor que a veces provocaba carcajadas, muchos chistes, sí, aunque terminaban desembocando en la cloaca. Humor negro. Reír para no cargarse de iracundia. Para cuando amaneció el lunes, la señora presidenta de la Comunidad de Madrid ya emanaba cadaverina, esa fetidez nauseabunda. Pero faltaba el vídeo para trocear el cadáver. Curioso este país de mierdas, o esta mierda en que han convertido a este país: a uno, a una, la entierran políticamente por un antiguo hurto cleptomaníaco de 40 pavos en pomada para la belleza de la jeta, ese decorado, pero se la apoya, se la aplaude, le dan arrumacos y se le brinda la confianza, qué desvergüenza, ante la evidente impostura de un título universitario para engordar vanidades y prebendas. Y, por cierto, ¿quién se guardó el vídeo de la descuidera? ¿Cómo lo consiguió? Pues a través de los amiguitos del alma. ¿Se descubrirá el asunto? Quiá, son muchos los amiguitos del alma, mafias villarejas incluidas. Para el martes, Rafael Hernando, esa garganta profunda, esa finura intelectual, se cachondeaba de los pensionistas ante sus nuevas generaciones: su partido, y sólo su partido, les va a subir las pensiones un 3%. ¿No protestaban?, pues ahora que salgan a la calle a agradecer al PP la dispendiosa regalía, vino a decirles. Seguimos, pues, en el medievo. Postrados de hinojos, sumisos los ojos, correspondiendo así a la benevolencia de nuestros señores y señoronas, aunque te hayas pasado la vida cotizando. Ni nombrar al PNV, que es quien ha exigido la subida para dar el sí a los Presupuestos de Montoro. Veremos lo que nos cuesta el vasco intercambio de cromos. Para el miércoles ya nos habíamos enterado de por qué la señora del vídeo no dimitía: sólo ella, ella sola, podía contener a las hordas marxistas que pugnaban por hacerse con su palacio autonómico de invierno, por lo cual tendríamos que estarle agradecidos, así como por permanecer en su esforzada labor como diputada y presidenta de su partido madrileño. Se va, pero se queda la pobre víctima de una persecución inquisitorial: pelillas, eurillos a la mar, que es muy cara la elegancia. Mientras tanto, el Puigdemont y su alegre muchachada indepe siguen ganándole por goleada al Mariano (5-0) y a su desaparecido ministro de Exteriores, el florero de salón míster Dastis que tanto y tanto ha hecho por empeorar una imagen de España, la de su partido, sin remedio ya en toda Europa tras el rifirrafe de Montoro con el juez Llerena. Y más hedores: los que nos ha dejado Pedro Agramunt, senador pepero, cómo no, que ejerció como presidente de la Asamblea del Consejo de Europa. ¿Por qué? Por corrupción: rarísimo. Una minuciosa investigación interna atribuye a este individuo «la violación del código de conducta, existiendo fuertes sospechas de que fue partícipe en actividades de naturaleza corrupta». Al parecer, el mamporrero suavizaba en sus informes las críticas hacia los mandamases de Azerbayán, tan demócratas ellos. Y todo por una latita de caviar. En fin, más tarde han salido otras cosas apestosas a terminar de pringarla, como prostitutas en pago a sus presuntos servicios al régimen acerbayano y otras nonadas. Pero todo es falso, una caza de brujas para relevarle de los cargos que ostentaba por lo bien que lo ha hecho: ojalá hubiera podido irse de putas, ha dicho el prenda. De momento, el partido le ha abierto expediente, menos da una piedra. Mariano se cuida, ya no pone la mano en el fuego ni por su señor padre que en gloria esté. El viernes nos enteramos de la bronca que se están comiendo los triunfitos Alfred y Amaia por regalarse España de mierda, de Albert Pla, que gracias a nuestros afilados patriotas terminará en bestseller. ¿Ya no se puede, no se debe leer en este país de mierda lo que a uno le salga de las narices? ¿Volveremos de aquí a nada a tener un Índice de lecturas buenas y malas? Pero lo peor vino después con la perversa sentencia que les han regalado a esos babutes que se hacían llamar La manada. Llama la atención que por pegarse en una taberna de Alsasua con unos guardias se pidan 64 años, y no me cuela lo del terrorismo, y a esos ascosos mandrias les regalen la filfa de 9 añitos. Al parecer de sus señorías una violación grupal sin paliza no entraña violencia, no, sólo abusos. Otro Código medieval. De asco. Y no me digan que no huele a podrido. Todo.

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