Inoperancia legislativa

Los partidos deben establecer complicidades y acuerdos que permitan al país avanzar con el ritmo debido

El Poder Legislativo en los sistemas parlamentarios es el depositario de la soberanía nacional y tiene el trascendental cometido de controlar al Poder Ejecutivo, pero su principal tarea, la que define mejor su personalidad jurídica y política, es hacer leyes. Pero durante el periodo de sesiones que acaba de concluir tan solo han salido adelante dos normas. En realidad, una sola original, la de los Presupuestos Generales del Estado, porque la otra es una norma comunitaria para facilitar la restitución de bienes culturales sacados ilegalmente del país. Además, se han traspuesto algunas directivas comunitarias y se han aprobado algunos decretos leyes, como el que recoge la reforma de la estiba. Tras las elecciones de 2015 y 2016, que arrojaron una distribución cuatripartita que sustituye al viejo bipartidismo imperfecto, fue posible formar un gobierno en minoría, pero paradójicamente el Gabinete tan sólo ha sido capaz de lograr la aprobación de la norma que garantiza su continuidad, la ley presupuestaria. Ni la minoría mayoritaria ha podido sacar adelante alguna de las medidas de su programa electoral, ni las fuerzas de oposición han atinado a pactar leyes basadas en una mayoría alternativa. Los grandes pactos que se anunciaban -una ley educativa obtenida mediante gran consenso, una reforma de la excesiva ley de Seguridad Ciudadana, incluso un pacto para la actualización de la Carta Magna- están estancados. Tan sólo se ha producido un acuerdo de mínimos para renovar la neutralidad de RTVE. La modernización del país puede esperar. La estabilidad lograda con la formación de un gobierno en noviembre pasado es inoperante pero no inútil. Por un lado, el proceso económico, que está en fase de sólido crecimiento, requiere unas condiciones de contexto que no susciten inquietud; por otro lado, los sucesos de Cataluña necesitan el contrapunto de un Gobierno que represente a las instituciones y haga imperar la soberanía nacional. De cualquier modo, es lamentable que las fuerzas políticas, que no tendrán más remedio que gestionar antes o después la nueva complejidad parlamentaria que ha llegado para quedarse, no sean capaces de establecer complicidades y acuerdos que permitan al país avanzar con el ritmo debido en las cuestiones que lo requieren.

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