La influencia rusa

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibió el viernes la única buena noticia de su mandato al aprobar el Senado la reforma fiscal que el inquilino de la Casa Blanca auspiciaba con la mayor rebaja de impuestos de los últimos 30 años, aunque los propios republicanos se mostraran preocupados ante los efectos que la misma podría tener para las arcas públicas. Pero ni siquiera tan ajustada victoria en las propias filas de su partido -la votación fue de 51 contra 49 en el Senado-, pendiente de que se pronuncie la Cámara de Representantes, puede atenuar las sospechas que se ciernen sobre su llegada a la Casa Blanca, en cuanto a la participación de círculos de influencia rusos en el desarrollo de su campaña. Desde que Trump alcanzó la presidencia, el 'impeachment' al presidente ronda su mandato. La confesión del exconsejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn, admitiendo que sus «acciones fueron equivocadas» en relación a sus encuentros secretos con el embajador ruso en Washington, Serguéi Kislyak, podría quedarse ahí: en el reconocimiento de las imprudencias de un teniente general venido a más. Pero la convicción de que el beneficiario último de tales contactos, Donald Trump, era también su inductor cobra peso en el estado de opinión del país.

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