INCRÉDULOS

MANUEL ALCÁNTARA

El Partido Popular está en el peor momento de su popularidad. Han perdido casi la mitad del apoyo que había logrado en 2016 porque sus seguidores ahora siguen a otros. La grandeza de la democracia consiste en su capacidad de rectificación. Eso de la fidelidad de voto es un camelo porque cuando un votante deja de confiar en su partido lo que hace es votar a otro. Ciudadanos parece que es el más agraciado, porque los españoles nos movemos muy poco y siempre dentro del mismo eje. Si se votara en este momento, Albert Rivera sería apoyado por la cuarta parte de los antiguos votantes del PP, porque los amores eternos sólo duran lo que duran, aunque la duración se le haga eterna a los que están en la lista de espera.

Mariano Rajoy estaba viendo venir lo que se avecina, pero no divisaba más que su espalda. Los previsores del pasado jamás se equivocan y ahora su líder ha convocado medidas de relanzamiento. El proyecto es frenar a Ciudadanos en las autonómicas y municipales de 2019. Escribo herido y malherido por la muerte de Pablo García Baena, cordobés de Málaga y malagueño de Córdoba. Yo estaba convencido de que iba a vivir siempre, no porque fuera inmortal, sino porque era inmorible. No sólo era el más grande de los poetas vivos, sino el más poeta. Fundió su discreta vida con su inefable poesía y llegaron a ser la misma cosa. ¿Cómo llamarle malogrado a una persona que consiguió vivir tantos años de acuerdo con él mismo y sin agraviar a nadie? A Pablo no le importaba el triunfo, pero fue un triunfador porque vivió de acuerdo con él mismo. Jardinero de su descuidado jardín, aceptó su destino sin pisar nunca el de otros. Hubiera sido el mejor discípulo de Séneca, pero no coincidieron ni en el tiempo ni en el espacio. No se puede pedir todo, porque sabemos que él nos regaló a todos un ejemplo y eso no tiene precio.

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