La importancia de la educación

La importancia  de la educación

«El Estado no puede delegar la educación en manos de instituciones privadas de ningún signo y debe evitar posturas integristas que atentan contra las libertades»

A menudo el trajín de la vida diaria permite que creencias aparentemente inofensivas se vayan filtrando, sin apenas percibirlas, y acaben moldeando nuestro criterio.

Al tomarnos un café con amigos consideramos el bar un espacio público. Y si queremos resolver dudas sobre nuestros impuestos, pediremos cita en la Delegación de Hacienda más cercana, otro servicio público. Pero el carácter de los dos lugares es bien diferente. Hacienda en ningún momento nos vetará el acceso, pero tal vez hayamos prestado escasa atención al cartel tras la barra del bar: «Reservado el derecho de admisión». Habitualmente no tiene trascendencia y hasta podríamos considerar al dueño en su derecho si impide la entrada a alguien que causa alboroto; aunque no estaría tan claro si despachara a quien desentona con el nivel económico de los clientes habituales, y recelaríamos si sus parroquianos justificaran su acción alegando que la presencia del despachado los violentaba. Pero, evitemos los dilemas morales y vayamos a tomarnos ese café a otro bar más tranquilo. Volviendo a nuestra declaración de renta, quizá queramos consultar a un asesor fiscal, porque nos viene mejor o porque preferimos cierto trato; pero que existan alternativas de particulares no quiere decir que la Agencia Tributaria acabe subcontratando a una empresa privada gran parte de los servicios que todos nosotros, incluido el propio Estado, precisamos utilizar y, sería inconcebible que además se le permitiera regirse por criterios ideológicos. Son muchas las ocasiones en que pasamos por alto situaciones de abuso, aunque no sean aceptables, desde la simple arbitrariedad del portero de discoteca, hasta el atropello de los derechos laborales por miedo a perder un empleo.

Admitimos que la educación es un valor de futuro, fundamental para el país, de suma trascendencia para las familias. Pero la importancia de la educación obliga a que el Estado (no los partidos políticos) deba regularla para que, al margen de cualquier ideario propio, sea objetivamente adecuada, de calidad y realmente asequible hasta para quien no tiene medios económicos. Los conocimientos que se deben adquirir hoy en las escuelas podrán parecer más amplios, profundos o cambiantes y, en buena medida así lo son, pero no deben contaminarse por intereses ajenos. La formación en inglés y nuevas tecnologías mejora día a día. No hay que temer quedarse fuera de juego, los docentes y los centros están a la altura y suplen de sobra con ilusión y esfuerzo los recortes presupuestarios. Además, es inútil subordinar los estudios a las exigencias de un mercado laboral regido sólo por factores economicistas.

Tristemente la educación también es un campo abonado para el negocio, pues proporciona un gran volumen de ingresos netos y otros añadidos por las influencias ideológicas que genera. Cuando un colegio es una empresa la bajada de la natalidad supone una pérdida de beneficios, entiende la educación como adoctrinamiento, la libertad como paso previo a imponer su exclusividad y sólo da validez universal a sus propios valores, excluyendo al diferente. Por ello el Estado no puede delegar la educación en manos de instituciones privadas de ningún signo, que incluso declaran abiertamente prestar un servicio inestimable a determinadas creencias, y debe evitar posturas integristas que atentan contra las libertades, dejando de financiar con dinero público idearios que, bajo la promesa de satisfacer la elección de ciertas familias, adquieren el derecho de discriminar a otras. En el presente y en el pasado reconocemos muchos ejemplos de ideologías que, pretendiendo ser superiores, trataron de imponerse a toda la sociedad.

Si un servicio público y necesario no es gratuito, de calidad y universal ese Estado fracasa. La legislación no puede favorecer ni financiar privilegios de empresas en sectores vitales para un país, como la educación, con centros exclusivos para católicos.

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