Y A USTED QUÉ LE IMPORTA

CAUTIVO Y DESARMADO - PABLO ÁLVAREZ

Creo haber escrito esta columna ya. Incluso puede que le pusiera el mismo título, u otro muy parecido. Qué más da, al final. Lo que cuenta es que estas cosas siguen pasando, en esta sociedad que nos parece tan moderna y tan chanchi de la muerte.

Lo que pasa es que dos chicas que van por la Gran Vía de Logroño no pueden demostrar que se quieren de la manera que uno hace esas cosas: besándose. Porque puede que tengan la mala suerte de que les aparezca un tipo, les insulte y acabe pegándoles. Porque él lo vale, y porque se siente con derecho a decir qué está bien o qué esta mal en el corazón de otro.

Lo que pasa es que un chaval no puede ir paseando al perro por la calle sin que alguien le reconozca y vaya a decirle cosas porque resulta que al chaval le gustan los hombres para las cosas del querer. Y como ese tipo se siente con derecho a decidir dónde tienen los demás que poner sus afectos, le acaba insultando, zarandeando y vejando.

Lo que pasa es que un tipo se siente con derecho de ir a los más vulnerables de esta sociedad (los críos) y repartirles a la salida del cole un panfleto inmundo lleno de mentiras, estupideces y prejuicio. Que nadie con dos dedos de frente va a creerse, pero que quizá, sólo quizá, deje un poso de mierda en la mente de alguno de esos chavales. Y que quizá le den credibilidad a ese pedazo de estupidez que une homosexualidad con pederastia.

Eso pasa. Y eso me cabrea. Y por eso repito, como tantas veces, que nunca serán suficientes: señor, señora. A usted qué le importa a quien decida querer el vecino. No, no tiene usted derecho a opinar. Déjeles vivir.

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