Ilustrando a la ciudadanía

FÉLIX CARIÑANOS

Pues sí, señor, hoy vengo muy alegre porque cada semana que pasa supera en animación, con mucho, a la anterior. Ello demuestra que España es un país -o conjunto de países, caray- con un futuro deslumbrante por delante. Usted comprenderá que esta circunstancia de la animación trae consigo una multitud de sugestiones, entre las cuales tendrá oportunidad de elegir. Satisfágale, por supuesto, el que todas las personalidades (¿?) de quienes se afirma que han engordado sus currículos lo niegan sin acertar a razonarlo convincentemente y, sin embargo, se apresuran a borrarlos, matizarlos o enflacarlos, como dirían en mi pueblo (dispensen que atribuya al infinitivo enflacar un valor transitivo que le niega el Diccionario de la Real Academia Española). Tan mayoritario y súbito interés denota, probablemente, que estamos a punto de entrar en una etapa auténticamente dorada de nuestra clase política que, por fin, satisfará plenamente al pueblo llano, tan amado.

Lo que voy a escribir a continuación va para los escépticos, que sois una plaga. Habrán notado ustedes que la cuestión de los EREs avanza raudamente hacia su total aclaración en la nación -o casi- andaluza, un asunto que debió de surgir a finales del reino nazarí, cuando a Colón se le ocurrió indagar algo más allá de las Islas Afortunadas. Me expreso así por la porrada de años que dura esta aventura. Regocíjense como buenos ciudadanos, pues ya han dado con los presuntos culpables de la desaparición de tamaña mina de euros. Porque aquí nadie sabe nada -y menos los altos cargos públicos-se corre por los cerros de Übeda que han sido los extraterrestres o mi cuñao. Y como yo no tengo cuñao... todo solucionao.

Otro síntoma muy positivo es el del olor a rancho exquisito que anuncia la llegada de nuevas elecciones en el año entrante. Ya ha comenzado el lanzamiento de trastos a la cabeza no solo de unos partidos contra otros sino incluso dentro de una misma formación redentora. En estos casos de infiltraciones efectuadas casualmente en los momentos más oportunos por lo bien calculados que están, lo más bello y sincero es asimismo que nadie estaba enterado de nada ni tenía la más mínima intención de desestabilizar a nadie. He aquí otro ejemplo de ejemplaridad práctica para con la ciudadanía. Qué bien lo van a pasar tanto los votantes sádicos como los masocas.

Tengo entendido que el fin de semana nos depara una guinda apetitosa: la Copa del Generalísimo. Me parece que los dos equipos son españoles, aunque deben de jugar en ellos bastantes extranjeros. Porque yo entiendo muy poco de fútbol me ha llamado la atención lo rápidamente que les arreglan los papeles a estos trabajadores de fuera y los muchos obstáculos que les ponen a otros que llegan con el agua al cuello. Los chiflidos al himno y las escaramuzas entre aficionados formarán parte de esta permanente y entretenida comedia..

Llega mi cielo desde Vitoria, nos besamos, lee el artículo y me susurra: «Lo de la Copa del Generalísimo está mal, ahora se llama Copa del Rey». La miro serenamente y replico: «Ya he mandado la columna al periódico y no me retracto. Yo como la Cifuentes y esos de los masters: siempre ilustrando a la ciudadanía, incluida la de mi propio partido; es nuestro lindo sino».

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