Igualdad, cultura y violencia de género

«La inseguridad, la autodescalificación, el miedo al error o la timidez son expresiones, en gran medida, de la desvalorización interiorizada de nuestra identidad como mujeres»

«Está instalada la idea de que el que sabe

es siempre un señor con barbas»

Eulalia Pérez Sedeño

Catedrática de Lógica y Filosofía de la Ciencia

El 1 de enero de 2018 se han cumplido 200 años de la publicación de la primera novela del género de ciencia ficción de la historia moderna, titulada Frankenstein, y escrita por una joven, de apenas 20 años, llamada Mary Shelley. Fíjense que, mientras el personaje de la novela es archiconocido, su autora, una narradora, ensayista, dramaturga, filósofa y biógrafa británica lo es bastante menos. Así que este bicentenario es una buena ocasión para incidir en algo de lo que, frecuentemente, somos poco conscientes: el hecho de que a nuestros referentes culturales, a nuestro mundo simbólico colectivo, le falta la presencia, la palabra, la mirada y las creaciones de las mujeres, que somos más de la mitad de la población.

Recuerdo cómo, hace casi 20 años, mi hija, entusiasmada con sus estudios de piano, me preguntaba por qué no había mujeres Beethoven. También me acuerdo de aquellas otras ocasiones en las que, visitando un gran museo, no encontrábamos sala alguna en la que se expusiera la obra de pintoras. Y no se me han olvidado, tampoco, las innumerables tardes en las que trinaba de impotencia ante la falta de argumentos para rebatir a su hermano, más pequeño, cuando medio en broma medio en serio, él le decía que los hombres eran superiores a las mujeres porque ellos son los superhéroes, los príncipes que salvaban a las princesas, los que habían inventado todas las cosas importantes de la vida, escrito las mejores novelas, creado todas las obras de arte y, además, jugaban al fútbol.

Por aquel entonces es cuando empecé a darme cuenta de las preocupantes manifestaciones de la exclusión, inferioridad y subordinación femenina que inculcábamos a las criaturas a través de la cultura, en todas sus expresiones, libros, canciones, películas, lenguaje, imágenes, mitos y juegos. Se trata de una discriminación, normalizada por el sistema, que ellas y ellos, inconscientemente, asimilan y cuya principal consecuencia es la invisibilidad de las mujeres y de lo femenino como referentes de autoridad, de valía, de respeto o de estimación compartida.

Mediante el estudio profundo de la Historia de los tres últimos siglos, sabemos cómo fueron excluidas del espacio público y del conocimiento compartido las mujeres; cuál es el origen de esta discriminación y cómo han ido recuperando una parte de los derechos políticos y de ciudadanía, que les fueron arrebatados.

Hemos aprendido a valorar el imprescindible trabajo doméstico y de cuidado de la vida y de los afectos que, silenciado, no remunerado, y no reconocido, hacen las mujeres, durante todos los días de su vida. Y están siendo rescatados las obras y los logros que, en todos los campos del conocimiento, han realizado las mujeres. Algunas de las que más llamaron la atención de mi hija y de mi hijo fueron:

Ada Lovelace (1843): madre de la programación informática, diseñó una máquina analítica mecánica, capaz de calcular funciones algebraicas, se la considera la primera programadora de ordenadores. Edith Clarke (1921): patentó una calculadora gráfica que resolvía problemas de transmisión eléctrica. Hedy Lamarr (1940): famosa actriz de Hollywood e inventora, creó un sistema inalámbrico para misiles que inspiró el wifi. Top Secrete Rosies (1943): el ENIAC, primer computador electrónico, fue programado por seis matemáticas estadounidenses. Ángela Ruiz Robles (1949): gran inventora española que desarrolló la enciclopedia mecánica precursora del 'ebook'. Rózsa Péter (1950): matemática húngara que elaboró las funciones recursivas, fundamentales en computación. Grace Murray Hopper (1959): contraalmirante de la Armada de EEUU y precursora del lenguaje de la computación Cobol. Margaret Heafield Hamilton (1965): dirigió desde el MIT el equipo que desarrolló el 'software' de navegación del Programa Espacial Apolo. Murasaki Shikibu (978): la mujer que escribió la primera obra considerada una novela en el mundo, en Japón en el año 1010. Hildegarda de Bingen (1098): monja alemana que, además, fue escritora, filósofa, compositora, pintora y médica; entre otras muchas cosas, sus obras médicas son consideradas la base de la medicina. Emile de Breteuil, marquesa de Chatelet (1706): gran matemática y filósofa a quien se debe la introducción de la física en el campo del conocimiento científico con su obra, Institutions de Phisique.

Resulta imprescindible visibilizar a las mujeres, sus acciones, sus logros y su palabra, en todos los ámbitos de la cultura y de la enseñanza oficial, porque la cultura, que ha hurtado al conocimiento común lo que es propio de las mujeres, crea en el subconsciente colectivo una simbología en la que puede instalarse la idea de la superioridad de los varones y de la inferioridad femenina y, éste, es uno de los factores que contribuye a la perpetuación de la violencia de género.

Eduquemos en igualdad, declarando que las niñas no nacen con unas capacidades diferentes e inferiores; que sus destrezas y sus posibilidades personales y profesionales no queden limitadas por la asignación de unas cualidades estereotipadas y un comportamiento humano predeterminado por el sexo, que conduce a la atribución de roles subordinados y serviles. La inseguridad, la autodescalificación, el miedo al error o la timidez son expresiones, en gran medida, de la desvalorización interiorizada de nuestra identidad como mujeres. Solo educando en igualdad cambiaremos la base en la que hoy sigue desarrollándose la violencia contra las mujeres.

(*) María Victoria Górriz Gómez ofrece hoy, a partir de las 20.00 horas, en el Ateneo Riojano una charla titulada «Igualdad, cultura y violencia de género»

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