Iglesias y Napoleón

Como dice uno de sus críticos, ha convertido a su partido en una maquinaria de refrendar sus caprichos

JOSÉ MARÍA CALLEJA

Tiene dicho Jorge Verstrynge que Napoleón fue el personaje histórico del siglo XIX y que Pablo Iglesias será el personaje histórico del siglo XXI. No seré yo quién ponga en duda las cualidades adivinatorias de este tercer personaje, autodenominado como neofascista hace años y que ha dado un giro de 360 grados -no es error- en su evolución política. De momento, es posible que Iglesias haya empatado en cesarismo.

Después de hacer un publirreportaje para una televisión en el que enseñaba la cocina y unos trapos de cocina que resultaban de atrezzo y no de cocina; después de soltarse el pelo, en sentido estricto, en ese anuncio; tras darse una carrerita con la presentadora en la que se ponía estupendo del pueblo frente a los políticos que vivían en chalets aislados de la gente -¡viva la gente, la hay donde quiera que vas!-, nos encontramos con que Pablo, e Irene, se compran un casoplón de más de cien millones de pesetas y firman una hipoteca para treinta años, 30. Magnitud de tiempo que se me antoja emparentada con la eternidad, amarrados al duro banco de la banca.

No contentos con semejante disparate, que arrasa con lo dicho por ellos mismos en capítulos anteriores -«vivir en los barrios», «estar con la gente»...-, Pablo e Irene quieren hacer partícipes del enlace a las bases de su movimiento, para que sostengan a pachas con ellos la moralidad de la hipoteca. La disyuntiva es brutal: o nos dais la razón en la compra, o nos vamos del escaño, de los cargos del partido y del sueldo; es decir, nos acabarán desahuciando por vuestra culpa. Un minuto más, y piden un euro a cada afiliado para pagar el inmueble.

Es como el niño pijo que ponía el balón y si no ganaba, se lo llevaba y se acababa el partido.

Me deja perplejo lo de los treinta años. ¿Piensan estar seis lustros de diputados? También me llama la atención las más que ventajosas condiciones del crédito, desde luego no al alcance de la mayoría de la 'gente'.

Algunos periodistas cuentan que ya han votado en el plebiscito varias veces, una cosa y su contraria, sin que nada lo haya impedido. Sea cual sea el resultado, tengo la sensación de que el 'conducator' se ha llevado a Podemos por delante y que como dice uno de sus críticos, desde dentro, Iglesias y Montero han convertido a su partido en una maquinaria de refrendar sus caprichos.

Aún recuerdo cómo el aspirante a Napoleón envió un comunicado ¡en una noche electoral! en el que nos anunciaba que había roto con su anterior pareja, noticia de trascendencia cósmica, pues anticipó la subida de la exnovia al gallinero.

Iglesias se ha puesto a sí mismo el listón tan alto que se le ha atragantado la pértiga para saltarlo. Napoleón puede estar tranquilo, Galapagar no es Elba.

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