HUMILLADOS Y DEFENDIDOS

MANUEL ALCÁNTARA

Apagar la luz cuando llega el anochecer no contribuye a verlo todo más claro y la sorda, pero claramente audible batalla de la «consulta ilegal», ha llegado hasta los ayuntamientos. Los alcaldes, aunque están en su mayoría algo locos y no sean tan sensatos como el de Málaga, al que Dios me conserve y me suministre imitadores, han trasladado a los municipios sus querellas. Hasta mediados de la mañana de hoy podrán confirmar si ceden los colegios electorales. El llamado AMI, que agrupa a 789 de los 948 que hay en Cataluña, viene a añadir oscuridad al apagón general mientras el Tribunal Constitucional y la Fiscalía activan los resortes judiciales. ¡Qué aburrimiento! A lo que podemos es atenernos a las consecuencias, mientras el fiscal general, José Manuel Maza, anuncia una querella contra el Govern. ¿Nos merecemos a este país de países o a esta nación de naciones, o a este cónclave de mastuerzos, el pequeño lugar del universo que ocupamos? Si fuese mayor, no cabrían más disidentes.

La respuesta del presidente del Gobierno nos puede hacer pasar del sitio del Estado al estado de sitio, pero está dispuesto a no renunciar a nada, sin explicar qué puede ser «todo lo necesario». Quizá su única definición sería que debió hacerse antes, pero la dicha es buena siempre que no vengan desdichas peores. La Generalitat ha llegado más lejos de lo que alcanza la vista de Puigdemont, limitada por su flequillo. Suspender la Ley de Referéndum no es menos grave que dejarla que agonice, pero es más piadoso. El 1 de octubre no habrá consulta, pero los consultorios estarán a tope. El arte de aplazar los problemas también depende de los calendarios. Hay a quienes se les hace tarde y a quienes se les hace nunca. Yo creo que pertenezco, con todo derecho, a los dos grupos, pero no sé elegir. Ni falta que me hace, porque me falta tiempo.

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