Hora de la verdad

Rajoy tiene el deber institucional de atenuar el daño causado al verse citado y haría mal en sortear preguntas

El presidente Mariano Rajoy comparece hoy, en calidad de testigo, ante el tribunal de la Audiencia Nacional que juzga la primera etapa de 'Gürtel', en un hecho sin precedentes. La citación es consecuencia de uno de los casos de corrupción que ensombrecen la trayectoria del Partido Popular, tras evidenciarse que las actuaciones de la trama liderada por Correa no eran ajenas a los círculos de poder e influencia de las estructuras populares. Los dirigentes del PP llegaron a pensar que el paso del tiempo disiparía el alcance político de los casos de corrupción, para lo que hicieron del principio constitucional de presunción de inocencia un argumento elusivo, emplazando a la justicia a obtener pruebas y confesiones que le eran negadas sistemáticamente. Hoy Mariano Rajoy se ve obligado a comparecer en juicio no porque el tribunal considere que pudiera haber sido testigo casual de un hecho presuntamente delictivo, sino porque éste se produjo en su ámbito de responsabilidad. La bochornosa imagen no tiene remedio, en lo que afecte negativamente a la credibilidad del hoy presidente, a la de su partido y a la de las instituciones en general. El paso del tiempo está demostrando que la elusión de responsabilidades, la dilación de los procedimientos judiciales y el recurso argumental al escrutinio de los electores generan efectos muy distintos a los que el PP y el propio Rajoy presumían. Hoy el presidente se enfrenta a un sinfín de preguntas en un escenario público -nada menos que un juicio- que no premia las evasivas. Es lógico pensar que el presidente del tribunal permitirá que el interrogatorio de fiscales y abogados verse sobre las cuestiones que se les han formulado a los anteriores testigos -relativas a la financiación del PP y a la remuneración en 'b' de sus dirigente-, más allá de las estrictas acusaciones que forman parte de esta etapa del 'caso Gürtel'. Mariano Rajoy tiene hoy la oportunidad de explicar, sin medias tintas, cuál era la cadena de mando que manejaba las finanzas del PP en aquella época; y de explicarse sobre su propio papel en el partido antes de ser candidato a la presidencia del Gobierno. El procedimiento judicial no le obliga a prodigarse en detalles, pero haría mal en recurrir también en la Audiencia Nacional a su huidiza manera de sortear las preguntas. Tiene el deber institucional de atenuar el daño causado por haberse visto citado como testigo.

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