HOMOS (POCO) SAPIENS

LUIS J. RUIZ DAÑOS COLATERALES

Dice la Dirección General de Tráfico que entre julio y agosto las carreteras españolas serán el testigo mudo de casi 90 millones de desplazamientos. Infinitos vehículos cargados de flotadores, manguitos, tiendas de campaña, toallas y cremas solares que recorrerán cientos, quizá miles de kilómetros hasta el destino elegido. Alguno de ellos, sobre todo los que busquen el sur de España a través del puerto de Piqueras, recorrerán la Nacional 111. No es mala carretera, no se asusten. Incluso tiene un radar y vías de servicio (hasta el cruce de Nalda) para agilizar la tediosa circulación de antaño. Quizá el único problema es que concentra a un número considerable de, digamos, espabilados (pueden sustituir el calificativo a su antojo).

Llámenme raro, pero lo de conducir haciéndole sombra al coche que circula detrás del tuyo es una sensación realmente desagradable. Más aún cuando el fitipaldi de turno no duda en utilizar las luces largas para que hagas tuya su urgencia o te arrincones para que pueda adelantarte allí donde la línea es dolorosamente continua. Pero la variedad de homos (poco) sapiens al volante es excelsa: desde los que utilizan las rotondas de La Colonia y de Albelda para adelantar hasta los que circulan por la vía de servicio (limitada a 60 kilómetros por hora) como si hubieran pagado el peaje de la AP-68.

Ellos, probablemente, también se irán de vacaciones. Se les reconoce con cierta facilidad: su edad es inversamente proporcional a la potencia (o el valor) de su vehículo, lunas tintadas y algún alerón extra en el coche. Tengan cuidado y cumplan escrupulosamente con las normas de tráfico (velocidad incluida). Quizá así aprendan... suponiendo que no hayan tuneado también sus neuronas.

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