Hispanofobia

Inglaterra y Francia aspiran a quebrar la hegemonía española y levantar sus propios imperios sobre las ruinas del español. La hispanofobia es un componente esencial de la historia de Europa. Y muchos sin enterarse.

ENRIQUE PRADAS

Que un libro como 'Imperiofobia y leyenda negra', de María Elvira Roca, haya obtenido gran difusión es muy buena noticia. No para todos, naturalmente: es mala para todos aquellos que (todavía) asumen el relato hispanófobo sin pestañear. Por leyenda negra se entiende el conjunto de relatos desmesurados, insidiosos, retorcidos, que se han vertido sobre España y su pasado imperial. La historia es otra cosa. Vayamos al fondo del asunto, Europa.

Todo el mundo sabe que la existencia de imperios es una constante histórica. La historia es el resultado de conflictos entre clases y estados. ¿Cómo se levanta el imperio español? El imperio romano cae en el año 476 por el empuje de los pueblos (bárbaros) del norte de Europa. Estos pueblos, sin embargo, aprecian el legado romano y acaban abrazando el cristianismo. Políticamente, Europa es en este tiempo un gran mosaico de reinos, principados y ciudades-estado. La amenaza proviene del Islam. En España, los Reyes Católicos culminan en 1492 la derrota de los (invasores) árabes y refunden los reinos, reinos que como el de Aragón poseía importantes plazas italianas. Ese mismo año se 'descubre' América. Carlos, nieto de los Reyes Católicos, hereda en 1517 la corona española, y en 1519 el legado germánico de Maximiliano (Alemania, Austria), y el derecho a proclamarse emperador del Sacro Imperio. Hay en Europa unidad religiosa y se abre la posibilidad de conseguir unidad política, anhelo perseguido por gente tan distinguida como Erasmo. Pero pasa lo que pasa. M.A. Roca describe con precisión cómo la 'leyenda' es irradiada sucesivamente desde los distintos territorios que forman parte del imperio, caso de enclaves italianos, alemanes y holandeses. Y lo más importante, el porqué.

En Italia surgen voces humanistas (s. XIV-XVI) cuestionando el liderazgo español en encabezar a la cristiandad. Niegan que los españoles sean auténticos y verdaderos cristianos ya que por sus venas fluye sangre mora, judía ¡y goda! Ellos, los italianos, no están 'contaminados'. Claro, cuando la 'seña de identidad' máxima es el cristianismo, esta acusación (racista) hace estragos.

En Alemania sucede que un monje, Lutero, desafía en 1517 la autoridad papal, y recibe el respaldo de príncipes germánicos, que ven la oportunidad de quedarse con los bienes de la Iglesia. Todo muy prosaico: un 'pelotazo'. La reforma de Lutero abre la puerta a la construcción de 'iglesias nacionales'. Los nobles germánicos advierten la ocasión de hacerse iglesias a la carta, desafiando los deseos del emperador Carlos. Y si el jefe muda de religión, sus vasallos mudarán, por la cuenta que les trae. Por si fuera poco, Lutero lanza proclamas antisemitas, textos que serán recuperados en tiempos del nazismo. El monje llega a desear estar sometido a los turcos antes que a los españoles. Mientras, el imperio español se deja la piel combatiendo a los turcos que acechan Europa. La unidad política europea se hace imposible.

En los Países Bajos (Holanda, Bélgica, Luxemburgo), más de lo mismo. Carlos hereda de su abuela paterna, María de Borgoña, un conglomerado de territorios sin unidad administrativa. Carlos trata de dotarles de una estructura federal. Parte de su nobleza ve amenazada su posición dominante, y se hacen 'protestantes' como los príncipes alemanes, si bien en la versión calvinista, y acaban presentando a Felipe II, hijo de Carlos, como el 'anticristo'. En el himno nacional holandés se alude al «tormento que en su alma ha provocado el cruel español». Literal.

A la 'causa' contra el imperio español se adhieren Inglaterra y Francia financiando el levantamiento en los Países Bajos: ambos aspiran a quebrar la hegemonía española y levantar sus propios imperios sobre las ruinas del español. Inglaterra ha puesto sus ojos en el Nuevo Mundo. La Ilustración pondría (sigloXVIII) su granito de arena. Se comprende muy bien a la autora del libro cuando en la entrevista que publicó este diario (5 de marzo) afirma que «la hispanofobia es un componente esencial de la historia de Europa». Y muchos sin enterarse.

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