Hermana, yo sí te creo

Hermana,  yo sí te creo

Quizás esta vez escuchen la voz de las mujeres, porque tenemos el 51% de las papeletas y a partir de ahora vamos a hacer ganar o perder elecciones a todos los partidos. Nos va la vida en ello

«No es descartable que durante una relación sexual no consentida pueda llegar a sentirse y expresarse una excitación sexual...» (Ricardo González, juez. Extracto del voto particular)

No hay que ser experta en leyes, basta tener cierta capacidad de distinguir lo que es justo y lo que no -al menos en términos de desigualdad social- para expresar el asco y el miedo que siento cuando un juez utiliza su opinión personal sobre cómo las mujeres sentimos placer o dolor para afirmar que una violación grupal es en realidad una orgía. ¿Qué experiencia tiene el juez González para afirmar que una mujer puede «sentir o expresar placer» cuando la están violando entre cinco? Estas palabras, en la pluma del juez, son una humillación para todas las mujeres y nos pone en una situación de gran vulnerabilidad. ¿Qué le decimos ahora a nuestras hijas? Esta frase me golpea el estómago desde que escuché en Pamplona la sentencia del tribunal: «Abuso sexual, sin intimidación, sin violencia».

Todavía no tengo ninguna respuesta que no pase por educar a nuestras hijas en el miedo y sin libertad. Y me niego a eso. Estos días, las protestas masivas van más allá de la sentencia, de los 9 años y de los argumentos legales. Protestamos simplemente porque hemos dicho ¡basta ya!, porque el riesgo de ser violadas nace con nosotras y nos educan para protegernos de él evitándolo activamente. Es algo que forma parte de nuestras vidas para siempre. Y si, a pesar de todo, nos violan, entonces somos juzgadas: ¿te resististe?, ¿qué hora era?, ¿cómo ibas vestida?, ¿habías bebido?, ¿le provocaste?, ¿cerraste las piernas? , ¿dijiste no? Es el protocolo machista para revisar si efectivamente somos culpables e incurrimos en el riesgo innato de ser agredidas. ¡Basta ya!

Esta vez es diferente. No estamos solas y ya no hacen falta palabras, pero cuando nos atrevemos a contar nuestras experiencias descubrimos que somos multitud: que nos han agredido sexualmente a todas y que lo han hecho desconocidos, amigos, novios, maridos, padres, primos, tíos, vecinos... Aquella mañana, en los juzgados de Pamplona, y un poco más tarde concentradas frente a los juzgados de Logroño, sentimos el mismo dolor pero también el mismo consuelo: «Hermana, yo si te creo». La estrategia del patriarcado de educarnos como enemigas se desmorona y ya no nos juzgamos entre nosotras con los cánones machistas que nos han grabado a fuego. También muchos hombres están entendiendo que nuestra lucha es justicia social y no una guerra de sexos.

El movimiento feminista del 8M nos ha hecho perder el miedo y reconocernos entre mujeres como compañeras. Esa es ahora nuestra fuerza, la red de apoyo que estamos tejiendo y que las redes sociales están consolidando. Por eso vamos a seguir saliendo a la calle a exigir justicia, respeto e igualdad. Ese será nuestro reto. De nosotras dependerá que nuestras hijas puedan sentirse libres, iguales y dueñas de sus cuerpos.

Puedo pecar de inocente, pero me pregunto si no habría otras estrategias más eficaces para evitar estos niveles insostenibles de violencia contra las mujeres. Ahorrar ese esfuerzo ingente que emplea la sociedad para educarnos en el miedo y en la culpabilidad, restringiendo nuestra libertad y responsabilizándonos de la violencia sexual, e impartir una única enseñanza general: ella tiene que estar sobria, consciente y tiene que decir explícita, libre y verbalmente «SÍ». En todo caso, los cambios necesarios para conseguir una sociedad más justa, igualitaria y con menos violencia sexual pasan en primer lugar por la educación y debe implicar a los poderes públicos. También son imprescindibles algunas acciones urgentes: 1- Adaptar la tipificación de los delitos contra la libertad sexual al Convenio Estambul que España ratifico en 2014 - si no dice sí, es violación-. 2- Impartir formación especializada a los profesionales de justicia en derecho antidiscriminatorio, perspectiva de género y transversalidad - quizás así los tres jueces de Navarra habrían tenido alguna herramienta más para discernir una violación grupal con intimidación de «una orgía placentera»-. Y 3- Dotar de financiación adecuada al Pacto de Estado contra la Violencia de Género; y como aún no se han aprobado los Presupuestos, el Gobierno está a tiempo de tomárselo en serio. Quizás esta vez escuchen la voz de las mujeres, porque no tenemos los 5 votos del PNV o los 32 de Ciudadanos, pero tenemos el 51% de las papeletas y a partir de ahora vamos a hacer ganar o perder elecciones a todos los partidos. Nos va la vida en ello.

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