La herencia de Zapatero

Sus iniciativas legislativas impulsan la demostración pública de la fortaleza de las mujeres

MARGARITA SÁENZ-DIEZ

Hoy, que el feminismo muestra su fortaleza. Hoy, que ninguna barrera consigue frenar las reivindicaciones de miles y miles de mujeres. Hoy, que cunde la consternación ante la ligereza de jueces que descartan evidentes delitos de violación. Hoy, es obligado recordar que José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno entre 2004 y 2011, dio pasos de gigante en tres frentes: la igualdad entre hombre y mujeres, los derechos sociales y la lucha contra ETA. Su empeño en acabar con la violencia etarra fue decisivo para que dejara de matar en octubre de 2011.

A menudo, la historia reciente se evapora. O se ignora. Y más aún, si el ensañamiento se ha cebado en uno de sus protagonistas. A ZP le llamaron de todo. Un alcalde de Pajares de la Laguna (Salamanca) le otorgó la condición de «indigente mental, salido del humo de unas bombas de origen desconocido». Como jefe entonces de la oposición, Mariano Rajoy le adjudicó atributos como «grotesco», «bobo solemne», «cobarde sin límites». Y antes de condenarlo a los infiernos por haber «traicionado a los muertos de ETA», ya le había acusado de «chalanear con los terroristas».

Aunque el exvicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra hiciera suya la expresión de un militante socialista, «Zapatero es un Bambi de acero», el 'príncipe del Bosque' solía responder en tono benevolente. Un día incluso llegó a decir que a cada insulto contestaría con una protesta, a cada descalificación con una idea y a cada exageración con una sonrisa. Demasiado.

Pero las normas que impulsó Zapatero siguen ahí, marcando caminos. Como la ley pionera en Europa contra la violencia machista, con la exigencia de que el maltratador de una mujer tenga una pena mucho más dura que en el caso contrario. O el divorcio exprés, a partir de tres meses de matrimonio. O la ley para el matrimonio homosexual, que acabó con tantos sufrimientos clandestinos.

Con Rodríguez Zapatero, las personas dependientes obtuvieron el derecho a recibir atención pública. El cuarto pilar del Estado de bienestar ha caído, por desgracia, en el olvido, las personas con discapacidad han sido ignoradas y sus cuidadores han pasado a la situación de orfandad económica.

Otro puntal fue la ley de igualdad. Obligó a que las listas electorales incluyeran al menos un 40% de mujeres. ¡Ah! y en puestos para salir elegidas. Una norma que parecía incumplible, la ley antitabaco, se ha asumido con normalidad y ha rebajado el índice de muertos por afecciones pulmonares. También, la regularización de inmigrantes alivió muchas angustias y sacó a la luz miles de empleos.

No. Rodríguez Zapatero tendrá otras carencias, pero no es un cobarde sin límites y no traicionó a los muertos de ETA.

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