Haciendo 'amigos'

SYLVIA SASTRE

Estar al frente de una nación reclama ganar unas elecciones pero, sobretodo, dominar el arte de gobernar que supone disponer de talento para ello y del aprendizaje necesario para modelarlo; gobernar implica un savoir-faire basado en el respeto y una visión global y serena de la sociedad civil a la que se representa y del mundo en la que se inserta, así como espíritu de época. Algunos políticos ejercen el gobierno con rectitud y sabiduría, pero otros lo hacen con oscuras maniobras, discursos basados en falsedades, traiciones y subterfugios para conseguir los objetivos que se proponen.

Nuestro tiempo es un tiempo de cambio que presagia otro orden social y, quizás, geopolítico que parece olvidar lecciones cruciales de la historia reciente y las crueles consecuencias de conflictos desatados en los que todos (vencedores y vencidos) perdieron. Por ello, es especialmente necesario contar con políticos y gobernantes que ejerzan con el saber hacer necesario para compaginar voluntades y no generar más tensiones que las necesarias. Pero los ejemplos son inquietantes.

Uno de ellos está escenificado por Trump que parece carecer de talento político y de ganas de aprender 'el oficio'; su reiterada falta de respeto hacia valores básicos y hacia los demás no deja lugar a la duda, como escenificó este pasado viernes en la convención del importante lobby norteamericano de la Asociación Nacional del Rifle realizando unas declaraciones públicas que han ofendido seriamente a Francia e Inglaterra. Es inadmisible que para defender el derecho a portar armas declarara que los atentados en Paris (Bataclan) y Saint Denis se habrían evitado si los ciudadanos hubieran ido armados; y que en Londres los cuchillos causan más muertes y daños que en Estados Unidos portar armas, en clara alusión a los atentados acontecidos allí; no contento con esto, parodió los disparos asesinos y su sonido, o los gestos de acuchillamiento en clara y obscena mofa de los graves sucesos.

La comunidad internacional no puede ir dejando pasar por alto las bravuconadas, con ocultas razones crematísticas, de Trump (y de cuántos políticos actúen al mismo nivel) porque la denigración utilitaria de víctimas pacíficas en base a no ser portadoras de armas es un hecho obsceno, como lo es la escenificación de su sacrificio.

No precisamos a los tecnócratas en el poder que confunden la política con la gestión, olvidando el respeto a los valores humanos y a las personas. Pero temamos a los autócratas que se frotan las manos ante estos desmanes que pueden ser indicadores del debilitamiento de los bastiones de la sociedad occidental.

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