HABLAR POR SEÑAS

MANUEL ALCÁNTARA

Siempre es mejor entenderse con muecas que estar callados, pero el debate sobre la defensa y la seguridad de Europa nos está aturdiendo a todos, porque no hablamos por turno. La tambaleante Unión Europea apoya decididamente a España para conseguir que se tenga en pie, aunque le falten las piernas, pero los ciberataques catalanes siguen en pie de guerra, después de haber perdido sus anteriores batallas. Ya se sabe que lo último que se les ve a los náufragos son las manos. El ansioso debate sobre la seguridad y la defensa de este continente, que se está cayendo de viejo, se resiste a fallecer y los ministros de Exteriores y Defensa andan buscando una indumentaria apropiada para ir al entierro. De momento se han comprometido a combatir la manipulación de la opinión pública a través de las redes en territorio de Rusia. ¿Vuelve el antiguo eslogan que proclamaba que 'Rusia es culpable'?

Estábamos preocupados con el enemigo común, que son las emisiones del CO2, que han crecido este año de gracia y múltiples desgracias. ¿Cuales son las maniobras para intentar detenerlo? Abstenerse de aspirar aire, ya sabemos a dónde conduce por muy buenas tragaderas nasales que se tengan, pero los expertos creen que se está agotando el tiempo para frenar el calentamiento global, en el que no creía Trump hasta que llegó la cumbre del clima en Bonn. El dióxido de carbono nos puede echar de este planeta menor, que nos parece más grande porque es el único que hemos conocido. Reaparecen las viejas pancartas que decían 'No queremos medio ambiente: lo queremos entero'. Incluso los que vivimos frente al mar quisiéramos tener branquias, como en el poema de Rafael Alberti, para respirar hondo. Nos estamos cargando el invento sin saber quién fue el inventor. Al llamado sumo hacedor se la ha ido la mano. ¿A quién se le ocurre dejarlo en las nuestras?

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