¡Olé la grassia!

RICARDO ROMANOS

Me da en la nariz que el personal de este país anda como muy alterado, encabritado, encabronado. Y en silencio, que es peor. Al reconcomio, ese rumiar de la inquietud donde se cuece la mala leche, ese a ver cómo diantres llegamos al día 20 de este mes mientras oyes los decibelios de la prójima Celia Villalobos, mamando de las ubres públicas desde 1989 y ahora a 95.165, 55 anuales, diciéndonos que no sabemos ahorrar, que hay mucho jeta por aquí que se ha tirado más tiempo cobrando la pensión que trabajando, olé la grassia, que lo más seguro para los currelas es ir invirtiendo en fondos de pensiones privados y que ella, todo un ejemplo, sigue trabajando denodadamente. En su Candy Crush. Y ahorrando, también denodadamente, faltaría más. A ver: si en vez de derrochar en un café metéis el dinerillo en un calcetín -nos recomienda su sensibilidad social-, cuando la casquéis hasta es posible que os podáis pagar el incinerador, que es que lo queréis todo. Y uno va a la panadería y, ¡zasca!, mira tú por dónde, a la chapata le acaban de endilgar otros 10 centavos. Así que, acordándose de los pelos de la Báñez, echa cuentas y barrunta. Y el barrunto se le llena de blasfemias. Sordas, pero blasfemias. De las gordas: ahora ya sabemos dónde invertir ese eurito con veinte centavitos pensionados con que la neoliberalidad de la de los pelos y sus amiguitos del alma nos han limosneado mensualmente a los jubilosos jubilados. ¡Tomad y comed, vejestorios! Y uno se va a pillar butano a una gasolinera, porque si lo encargas por teléfono a la distribuidora, para cuando te lo traen te has quedado tan momificado como el centinela de Pamplona, y ¡otra zasca! Caramba, qué subidón. Y entonces, como en un sueño, se le aparece la zoqueta de Mariano contándonos las milagrosas sustancias de la economía española, esa maravilla para pasmo del universo. Sobre todo, la de sus bancos. No hay sino admirar los suculentos balances del año pasado, los del Santander, los de Caixa Bank, los del BBVA y los del Sabadell. Olé la grassia, hay que ver lo contentos que están. ¿Cómo lo harán? Que se lo pregunten a Guindos, tan servicial para con todos ellos. Así las cosas, parece que no tenemos más remedio que ponernos a parir entre nosotros, así nos distraemos y tenemos contenta a nuestra jerarquía. Y uno piensa en su recibito de la luz y, cosas de febrerillo el loco, sus fríos, sus neviscas y sus incrementos de la demanda, se huele que en su primera quincena nos lo han subido un 7,6 por ciento. Da igual que te calientes con una vela en un tiesto o te sacudas cintarazos en la espalda para entrar en calor: el recibito seguirá galopando. Pero no hay que preocuparse, Mariano ha pensado en todo y nos va a levantar la moral a base de un baño de amor a la Patria. Formación del Espíritu Nacional, olé la grassia, debería llamarse la asignatura, ¿le suena a usted? Pues sí: nuestros amados símbolos, nuestro escudo, nuestra bandera, nuestro himno, nuestros héroes históricos, nuestras batallas gloriosas, Viriato, don Pelayo, la Reconquista, Felipe II y por el Imperio hacia Dios. Y uno se consuela al saber que a un tal Francisco Franco le han metido un purillo por embestir a un benemérito vehículo, darse el piro y decir que no fue él. Porque con Franco estas cosas no pasaban, doña Celia. En fin, que vamos que vamos tiesos en este guirigay, en este delirio, en esta perenne estafa, mientras nuestra clase política se sigue forrando en su limbo, inmersa en sus luchas mentecatas para defender su momio y cada día que pasa más y más alejada de la dura realidad de las gentes del común. Pues eso: olé su graciosidad.

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