La gran coalición en Alemania

El entendimiento entre Merkel y Schulz para formar Gobierno muestra la solvencia y madurez de los dos grandes partidos alemanes

Por fortuna se ha abierto formalmente la negociación para tratar de formar en Alemania un gobierno de gran coalición entre cristiano- demócratas y socialdemócratas. El diálogo entre Angela Merkel y Martin Schulz está suficientemente adelantado como para hacer ayer el anuncio, aunque habrá que esperar la ratificación de la militancia socialdemócrata. Con todo, la noticia abre por fin una clara y fundada esperanza de superación del prolongado punto muerto en que se encuentra el proceso de creación de un ejecutivo en Berlín desde que fracasó en noviembre el diálogo de la canciller con los Liberales y los Verdes. En esta coyuntura, es lógico que la atención política y social de la Unión Europea esté pendiente del resultado de las conversaciones y mire a Berlín con una mezcla de genuina preocupación y esperanza. Era muy inquietante la prolongación de la situación en la cuarta economía del mundo, con un gobierno en funciones desde septiembre; y también es complejo e imprevisible el escenario vigente en otros grandes Estados de la UE, como Italia, con elecciones de resultado imprevisible en marzo, o en Polonia y Hungría, donde la gestión ultraconservadora y neo-nacionalista es cada día más incompatible con el tono general de la Unión. Si se añade la áspera negociación de Bruselas con Londres a cuenta del brexit puede concluirse que la Unión pasa días difíciles que se convertirían en una crisis en toda regla si el cuarteto Berlín-París-Roma-Madrid cayera en procesos de debilidad institucional. Es en este campo en el que la posibilidad de formar en la RFA un gobierno sólido, estable y creíble adquiere un valor literalmente europeo, continental. De la solvencia y madurez de los dos grandes partidos alemanes no hay duda alguna y lo sucedido lo prueba... y es de esperar, y los europeos lo esperamos, que en Berlín se opte por la consolidación del proyecto continental que estaría en peligro si el toque de campanario del viejo nacionalismo sigue ganando terreno.

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