El Gordo y la Parca

FERNANDO SÁEZ ALDANA

« (Arthur Schopenhauer)

En 2002, el británico de 19 años Michael Carrol ganó en la lotería 15 millones de euros que pulió en ocho años, mayormente en fulanas, discotecas y droga. Acabó malvendiendo la mansión y la flota de coches lujosos y volviendo a su trabajo de basurero. En 2003, José Manuel Calvo Vaz, un empleado municipal gallego, ganó 9,5 millones en la Primitiva. Además de gastarlos en lo de siempre (malas inversiones, cochazos, casoplón y tías) donó y prestó sin conocimiento. En 2008 se metió un tiro en la cabeza.

Estudios sobre ganadores de grandes premios de azar concluyen que la euforia de los elegidos por la suerte es pasajera; que solo quienes no tenían sus necesidades básicas cubiertas mejoran su bienestar; que los premios perjudican la salud (más cuanto más joven sea el ganador); que a los tres meses, los nuevos ricos son tan felices o infelices como antes, y que a los cinco años el 70% habrán arruinado su economía y hasta su vida. Porque lo único que puede proporcionar cierta felicidad, «un presente soportable e indoloro», no se puede comprar. Para minimizar esos riesgos, el manual del ganador de pastón en sorteo subraya (tomen nota por si acaso) los siguientes consejos:

- No propague a los cuatro vientos que le ha tocado, y menos en esas redes en las que cae tanto besugo.

- No se le ocurra cobrarlo en el banco de su pueblo o barrio.

- Mantenga la rutina y acuda al trabajo al día siguiente a pesar de la resaca y de las ganas de mandarlo a la mierda.

- No empiece a derrocharlo comprando coches, mansiones, joyas, etc., ni prodigue generosas donaciones y menos a la familia: a Adrian y Gillian Badford, ganadores de 187 millones en el Euromillón, los suyos dejaron de hablarles después de haberles regalado millones: querían más. A los quince meses se divorciaron.

- E invierta el dinero aconsejado por buenos asesores.

En España es factible seguirlos porque, a diferencia de otros países, el anonimato está garantizado. Si lo hace bien, salvo usted y quizá Montoro, nadie sabrá que se ha enriquecido de repente.

Nuestro sorteo de Navidad es el mayor del mundo: el 75% de los españoles participamos gastando 2.500 millones y hay miles de ganadores. Si este año también juega y mañana tampoco es afortunado por el Gordo, cuando se despierte el sábado no lo lamente y alégrese de que tampoco haya sido infortunado por la Parca: cada día les toca morirse a 1.157 españoles, y si pasado mañana usted y los suyos pueden desayunar otro día más y sin dolor físico ni psíquico considérense felices y no envidien a los nuevos millonarios que aparezcan el la foto de portada del periódico duchándose con cava Tutumba ante la administración donde compraron el décimo. Ya saben lo que les espera a esos pobres desgraciados.

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