GOLPE DE ESTADIO

MANUEL ALCÁNTARA

Los independentistas no tienen claro de quién tienen que independizarse, porque el conflicto entre la realidad y el deseo, además del título de un libro de Luis Cernuda, es una preocupación de casi todos. Lo nuestro va para largo, aunque las Navidades se acerquen. Los candidatos de Junts y ERC aseguran que es posible romper con España y que se quede intacta. Es mucho prometer, pero ya sabemos que eso no empobrece a nadie. Tanto Junts per Catalunya como Esquerra Republicana han dado en creer a pies juntillas lo que no se sostiene y se cae por su propio peso. Europa no es partidaria de que España se trocee. Sabe que después habrá que juntar los pedazos y eso lleva mucho tiempo, porque hay piezas del puzle que se extravían y no se encuentran nunca por más que se busquen.

La vuelta del expresident Carles Puigdemont, en caso de victoria soberanista, enturbia más lo que ya era oscuro y las cancillerías piden información sobre el 'procés'. Junqueras le ha llamado cobarde a Puigdemont, pero rechaza criticarlo porque sigue siendo, para él y para otros cuantos, el «vicepresidente», pero la Navidad se aproxima con sus pasos y sus pavos contados. A los españoles nos gusta divertirnos, que etimológicamente viene de apartarse o de poner la atención en otros sitios. Por desgracia, no puedo hacerlo, ya que soy tan frívolo que no me va a dar tiempo para ver el regreso del Málaga a Primera División, que es el lugar que le corresponde. El equipo de fútbol es una catástrofe, pero no quiero caerme con todo el equipo. Su entrenador no es culpable porque con esos mimbres no se puede hacer un cesto mejor. ¿Cómo sería Michel si le permitieran fichar a los que él quisiera, en vez de a los tuercebotas que otros contrataron? No hay que quejarse, porque hacerlo es de bellacos. Es preferible esperar contra toda esperanza. Y tiene mayor éxito.

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