Gobierno sin tardanza

Aunque por definición todos los Estados de la UE deben respetar y respetan los tiempos políticos y el contexto institucional y social de cada uno de ellos, el caso de Alemania empieza a ser excesivamente lento y hay un extendido deseo de que la negociación final en busca de un Gobierno estable en Berlín no se eternice. Ayer fue formalmente reanudado el diálogo a tres (cristianodemócratas, socialdemócratas y conservadores bávaros) con la misión de alcanzar un acuerdo sólido que normalice la situación, creada por el resultado de la elección legislativa de septiembre pasado, que no dio un ganador claro. En realidad, lo principal está hecho y fue un mérito de los socialdemócratas su cambio de criterio y aceptar la negociación tras haber ido a las elecciones con otros planes. Su líder, Martin Schulz, bajo fuerte presión social y en la mira de gran parte de Europa, accedió a negociar un nuevo gobierno de gran coalición... con la condición de someter el acuerdo previo al aval de los militantes dentro de dos semanas mediante un referéndum en un congreso extraordinario del SPD. Sobra decir hasta qué punto es precisa la acción de un Gobierno fuerte en Berlín en los días que corren para la UE y, en definitiva, para el porvenir de una Europa amenazada por vientos ultras y nacionalismos arcaicos que deben encontrar en Berlín, como lo encuentran en París, Roma o Madrid, el pulso necesario para hacer frente a días difíciles, a la vuelta de aldeanismos arcaizantes y nacionalismos de campanario.

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