GLORIA AL FRACASO

TERI SÁENZ - CHUCHERÍAS Y QUINCALLA

La modesta localidad sueca de Helsingborg acaba de inaugurar una galería única en el mundo. Se llama Museo del Fracaso y en él se recopilan algunos de los mayores fiascos de la historia de la humanidad. Un puñado de esos lanzamientos comerciales, por parte principalmente de grandes compañías, que auguraban transformar el mundo pero a los que el consumidor dio la espalda hasta quedar arrinconados en el cajón de las frustraciones. El éxito de la iniciativa ha sido fulgurante. Tanto es así, que sus promotores ya planean enriquecer la muestra con veladas sobre despropósitos variados y animan a engrosar sus fondos con más propuestas tan absurdas como olvidadas. Lo que no especifica la invitación es si su catálogo también queda abierto a los fracasos personales. Ese cúmulo de decisiones que la mayoría hemos adoptado alguna vez en la vida con la mejor de las intenciones pero salieron por la culata, unas veces de forma reversible y otras sin solución. Helsingborg entero se quedaría pequeño para recopilarlas todas, pero a cambio se garantizaría una respuesta masiva del público extasiado al certificar que otros ya cometieron (cometen y cometerán) sus mismos errores, que no es obligatorio esconderlos en el rincón de la vergüenza para no parecer ni débil ni estúpido y que, en el fondo, el fracaso tiene el encanto de lo auténtico y transgresor. Esa épica de la rebeldía en contra de lo que uno mismo o quizás los demás esperan y que encumbra a los fracasados en el altar de los héroes sin medalla.

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