OTRO GÉNERO DE VIOLENCIA

MARÍA JOSÉ GONZÁLEZ - EL TRAGALUZ

J tiene 34 años, es independiente económicamente desde algo más de siete, trabaja como aparejador y es víctima de una mujer que le acosa, le pega y le humilla. Ella dice que le quiere tanto que tiene que quedarse en casa sólo para ella, que no trabaje, que ya se encarga ella de traer el dinero, pero cada cierto tiempo, cuando el hostigamiento es insufrible, llama a sus padres, se desmorona y regresa con ellos.

Muy pocos saben del régimen de terror en el que malvive, de su sufrimiento y del de su familia. Su médico, sí. Lleva años tratándole para evitar un derrumbe psicológico definitivo e irreparable. Es un caso real, íntimamente cercano. Su madre se desahoga con la mía. «Ha vuelto», le dijo la semana pasada entre llantos por teléfono. Este caso está sucediendo fuera de La Rioja, así que me tomo la licencia de compartirlo con ustedes porque no violento la intimidad.

Es la violencia de las mujeres contra los hombres. Otro género de violencia. Una violencia mucho más emocional que física. Y reconocer su existencia no debe presuponerse como una táctica para minimizar los problemas que atraviesan las mujeres maltratadas. Si nuestra obligación como sociedad es decir no a la violencia de género, porque es un problema que trasciende la individualidad y nos afecta como colectivo, no podemos olvidar que la auténtica igualdad debería superar el género y contra lo que se tiene que luchar es contra la violencia global. A los criminales machistas respondemos con un formidable sistema de rescate y protección de las mujeres que abarca todos los ámbitos: sanitario, judicial, policial, asistencial, psicosocial... Sólo quiero hacer constar mi reflexión y el desamparo que sienten J. y su madre.

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