LOS FUGADOS

MANUEL ALCÁNTARA

La marcha de Bruselas ha exportado el odio a España para que todos tengan una idea aproximada de cómo somos. Miles de personas, movilizadas por grupos separatistas de diverso linaje, han lanzado sus berridos contra España y la Unión Europea. Los que tenían más memoria, hablaron de franquismo y de esteladas, pero están desvariando aunque no varíen de tema. El que acaudilla el 'procés' ha puesto tierra por medio después de atravesar su mar de confusiones. No se sabe si se han apuntado para hacer el ridículo o consideraron que ya estaba hecho y no había que tocarlo. Los independentistas catalanes, que no son todos, pero sí más de los suficientes, han pasado su odio no solo a España sino al presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, sin olvidar a Mariano Rajoy, al que también le tocó su parte.

Los separatistas no saben si el reparto está siendo equitativo, pero de momento se han declarado también independientes de la verdad, mientras sus líderes están en chirona y el artículo 155 se sigue sirviendo con una proporción inadecuada de sifón o de agua de borrajas y las autonomías exigen más dinero para servicios básicos. Mientras pasa esto, que no acaba de pasar, el prófugo Puigdemont tiene que elegir entre ser presidente o ser un preso distinguido. Será lo que le parezca mejor a Artur Mas, que ha resucitado como Lázaro repartiendo gusanos entre las viñas. La edulcorada Navidad se echa encima, pero nuestra preocupación mayor es si Cristiano Ronaldo, que ha conquistado su quinto Balón de Oro, es mejor que Messi o Messi es mejor que Cristiano Ronaldo. Las comparaciones solo son odiosas para una de las partes comparadas y la verdad es que el argentino es incomparable. Tardará mucho en nacer, si es que nace, otro mago como él. La naturaleza no repite su do de pecho. Ni de pies.

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