FECHAS PARA LA MEMORIA

CARMEN NEVOT ARRANCHAR A SON DE MAR

Hay fechas que uno almacena en su memoria y les reserva un lugar privilegiado. Son momentos puntuales en la vida que vuelven cada aniversario. El entorno actúa de detonante y en el interior de cada uno se enciende la mecha. En ese momento recordamos qué hacíamos y dónde estábamos cuando se desató una de esas noticias que a lo largo de nuestra vida no sólo han marcado de uno u otro modo un antes y un después, sino también un punto de inflexión en la historia contemporánea.

El secuestro de Ortega Lara o mejor dicho, la liberación después de 532 días de cautiverio a manos de ETA del funcionario de prisiones supuso el principio del fin de una encolerizada banda terrorista que nueve días después, el 10 de julio, sacó músculo y escenificó el secuestro de Miguel Ángel Blanco. Un secuestro que nunca fue tal. Desde el minuto uno fue un asesinato, aunque perpetrado a cámara lenta.

Aquellos dos acontecimientos nos mantuvieron en un vaivén emocional a todos los españoles que recordamos nítidamente qué hacíamos en el preciso momento en el que nos enteramos tanto de la liberación de Ortega Lara como del secuestro de Miguel Ángel Blanco. En mi caso, ambos sucesos me pillaron trabajando y el sabor dulce que me dejó el primero duró hasta el profundo amargor y la tremenda impotencia que imprimió en mí el segundo, aunque entonces no sabía que 20 años después, ETA sería historia y que en aquel preciso instante, en el que la banda terrorista se mostró más cobarde que nunca, se empezaba a firmar un acta de defunción que como el asesinato del concejal de Ermua llegó a cámara lenta.

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