¡POR FAVOR, DENSE PRISA!

MARCELINO IZQUIERDO EL CRISOL

Estación de Autobuses de Logroño. Domingo, 10 de diciembre. Cuatro menos cuarto de la tarde. Cientos de personas se apiñan en las aceras que dan acceso a las dársenas, por llamar de alguna manera a los aparcamientos donde los autocares cargan y descargan pasajeros. Cae un ligero sirimiri, aunque las precipitaciones registradas en las horas anteriores han anegado los baches y charcos que, desde hace años, se han adueñado del suelo por el que circulan los vehículos.

Son muchas las personas que a esa hora abandonan la ciudad tras disfrutar del macropuente de la Constitución y la Inmaculada. Los viajeros y sus familiares continúan afluyendo a unas instalaciones que, recordémoslo, fueron inauguradas en 1958. Y, de pronto, una avalancha de autobuses de todos los colores y empresas como si no hubiera un mañana: tres con destino a Madrid; uno, a Pamplona; dos, a Zaragoza; otros tres hacia Barcelona...

Pasajeros y acompañantes se lanzan a la busca y captura de presunto autocar, cruzando por medio del patio y arrastrando sus maletas sobre el lodazal. Parece una película de los hermanos Marx. El operario que trata de organizar el tráfico no da abasto, preocupado sobre todo porque nadie resulte atropellado en esa torre de Babel.

Estimadas autoridades: hace años que la obsoleta estación debería haber sido jubilada. Hace 60 años, Logroño contaba con 55.277 vecinos y ahora, en pleno siglo XXI, ha triplicado la cifra hasta los 151.000.

Aunque con años de retraso, arrancaron por fin en enero las obras de construcción de la nueva terminal que, según el calendario oficial, debería ser inaugurada dentro de un año (otoño del 2018). ¡Por favor, dense prisa! Logroño no merece una estación tan tercermundista.

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