EXCARCELADOS

MANUEL ALCÁNTARA

La vaga sensación de tristeza que produce siempre saber que alguien está encarcelado se compensa a veces con saber que no podremos verle por la calle. Los líderes catalanes, en un alarde de sinceridad, han reconocido que se cometieron ilegalidades y ha llegado la hora de volver a la vía constitucional. Perseguir la independencia por esa vía no conduce más que a un callejón sin salida, donde además pueden encontrarse con Puigdemont. Para evitar ese desagradable trance han reconocido que el único camino es el Constitucional y en él se agolpan los de ANC y Omnium Cultural. El llamado «esperpento catalán» se las trae porque querían llevárselo todo. El empeño independentista no puede disimular que es un deseo separatista y eso de huir hacia delante les puede llevar a los fanáticos a dejarse la dentadura contra la puerta y perder el tiempo contando los desperdigados molares, ya que los colmillos siguen ausentes y el 'president virtual' vive en Bélgica.

La mayoría de los españoles, incluidos los que viven en Cataluña, deploran que viva fuera alguien que pretenda gobernar desde dentro. La investidura por delegación, también conocida como «telemática», no sólo es contraria a la ley, sino al sentido común. Por eso lo mejor es seguir al Barça en la tele y hay quienes llevan pancartas, aunque no las pueda divisar Messi. El astro catalán, que nació en Argentina, nos sigue iluminando y a los que somos moderadamente madridistas nos gustaría que vistiera de blanco, pero es «un imposible metafísico», sólo superado por Figo. Ser algo frívolo se ha convertido en un refugio, pero llamar «opresor» al Estado español es una ofensa que nos atañe a todos. Incluso a los que no tragan a Rajoy y le acusan de tener demasiadas tragaderas.

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