LOS ÉVOLES

PABLO GARCÍA-MANCHA MIRA POR DÓNDE

Asombroso el papel Jordi Évole en el cara a cara entre Inés Arrimadas y Marta Rovira de La Sexta, que no es lo mismo que en La Sexta. Évole en medio de las dos candidatas: la republicana con un primer plano cercano y ardoroso, y la jerezana, a través de un escorzo extraño con su cuello en 'prime time'. Inés devoró a Rovira y algo menos a Évole. A la primera pieza sin trasuntos, sin contemplaciones, con facilidad felina puesto que la lideresa de ERC tiene problemas absolutamente imposibles de subsanar con el lenguaje y la expresión. Marta Rovira es un ejemplo de esa realidad mágica en la que se ha instalado la esfera 'indepe' para la que todo lo español es sinónimo de imposición y mentira. Rovira apenas pudo hacer algo más que balbucear, aunque eso sí, la audiencia se libró de que rompiera a llorar como suele hacer en las ocasiones más señeras. Entonces Jordi Évole, como tantos otros Évoles del periodismo, salió en socorro de la candidata independentista situándose no en medio de ambas, que es lo que se supone que ha de hacer el moderador de un debate, sino que ardorosamente blandió su espada y le dijo a Inés: «Apenas unos cientos de familias han pedido estudiar sólo en castellano o ampliar su horario en esta lengua». Entonces yo me acordé de aquella negra que quería ir en el mismo autobús de los blancos en un pueblo del sur de los Estados Unidos. El razonamiento 'evoliano' nos lleva a pensar que qué problema era aquél si solo una negra de todas las negras de aquel pueblo quería subirse al autobús de los blancos. Apenas una negra es lo mismo que «apenas cientos de familias». ¿A quién le importa? Jordi Évole ha creado escuela, pero no es el primer periodista que lo hace. La historia del periodismo está repleta de Évoles, tipos envolventes y astutos pero en extremo predecibles.

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