Los etarras y los infartos

Los herederos batasunos nos quieren vender ahora la propaganda viejuna de que la culpa es del Estado

JOSÉ MARÍA CALLEJA

Al parecer, un etarra encarcelado después de haber asesinado a todo el que se le puso por delante, un sujeto que hubiera seguido descerrajando tiros en la nuca de no haber sido detenido por la policía, no puede fallecer de infarto después de un ejercicio físico intenso como la práctica del boxeo. Conocí a un abogado donostiarra, antietarra, sindicalista, defensor de trabajadores, que murió de infarto en pleno partido de squash. Cada año mueren unas cuantas personas en las playas españolas, ahogados después de sufrir un infarto. Mueren de infarto gentes que hacían ejercicio o se tomaban un café. A nadie se le ocurre echar la culpa de sus fallecimientos al empedrado del contexto.

Los herederos batasunos nos quieren vender ahora la propaganda viejuna de que la culpa del infarto del etarra es del Estado, y no del bombeo desigual del particular corazón del sujeto, con antecedentes familiares de fallecidos por infarto. Eligen para emitir su flatulenta posverdad nada menos que a Kubati, ese homínido que asesinó a Yoyes delante de su hijo por haber buscado una salida individual a la banda con treinta años de adelanto. ¡Qué antiguos estos de Sortu!, siguen en los ochenta en cuanto a propaganda victimista, pero lo cierto es que ya no hay asesinatos. El que estaba en la playa cuando los vascos se manifestaban para impedir el asesinato de Miguel Ángel Blanco quiere hacer pasar por muerte intencionada un infarto después de un ejercicio físico intenso.

El asesino etarra estaba en una cárcel extremeña, comunidad en la que había nacido antes de que le lavaran el cerebro para construir a los llamados 'españoles' como enemigos y empezar la matanza contra ellos. Estaba derrotado, como sus conmilitones.

Hubo un tiempo, no es broma, en el que un abogado de los etarras reclamaba para los presos de la banda el derecho a cumplir íntegras sus condenas. ¡Toma ya! Los etarras se podían acoger a beneficios individuales y acortar su estancia en prisión, pero la organización se lo prohibía con amenaza de pena de muerte, como a Yoyes. Había que ir en manada y la salida individual era sinónimo de traición. Ahora resulta que 'la organización' alienta las salidas individuales y las viste de revolucionarias, imaginativas y así. Lástima que lo haga con treinta años de retraso y con un montón de asesinados que nos podía haber ahorrado los kubatis y otros gerundios cómo él.

Se cumple ahora el aniversario del asesinato de Juan Mari Jáuregui, que fuera militante socialista y al que le pegaron un tiro en la nuca un 29 de julio de 2000. Uno de los miembros del grupo que lo asesinó ha pedido perdón a la viuda, Maixabel Lasa. Nada que ver con los viejunos de Sortu, que echan la culpa de un infarto al empedrado.

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