LÍO Y ESPERPENTO DE SUS SEÑORÍAS

PABLO GARCÍA-MANCHA - MIRA POR DÓNDE

No me gusta que se regule el arte. La libertad creativa ha de estar siempre por encima de cualquier norma, si se me apura de cualquier circunstancia. Ayer el Parlamento de La Rioja nos dijo que la tauromaquia es parte de la cultura. Gustavo Bueno lo había dejado por escrito hace décadas, pero eso no importa porque al fin y al cabo la realidad parlamentaria sólo atiende al teatrillo dialéctico y a las escaramuzas partidistas en las que se vota con la convicción gregaria propia de los grupos políticos. En el toreo sabemos mucho de eso, de ganaderías y de cabestros que dirigen a la piara de un cercado a otro. Ahora al comedero de arriba. Se levanta el buey, hace tintinear el cencerro y la manada le sigue con un mohín casi perruno de vacas sagradas que se dirigen donde está la alfalfa. Los bueyes han aprendido el camino a base de miles de repeticiones con personajes geniales como 'Florito' de portavoz y líder. Las reses esperan pacientes a que se abran las puertas, a que se cierren, a que se llenen de agua los bebederos. Los toros y las vacas imitan los gestos del manso. En el fondo él sabe dónde está la comida, barrunto que rumian en sus entretelas mentales, y nunca se equivocan a no ser que anden molestos por el celo de la primavera y se pongan díscolos y díscolas. En el Parlamento no pasan esas cosas. ¿O sí? Votan en equipo. Alguien levanta una mano y ésa es la señal. Nos han dicho que al tercer punto sí; al cuarto no y al octavo nos abstenemos. Pero claro, acaban liándose. Al no es que sí, a la abstención es que no, al sí es que tampoco. En las ganaderías llevan cencerro. En los escaños se hace a golpe de mano y claro, sus señorías se lían. Fichen a 'Florito' con su trajecillo corto por el hemiciclo.

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