España, ¿nación de naciones?

«Peces Barba afirmó en 2011 que en España «no hay más que una nación soberana», y lo demás son «naciones culturales». Y esta es la propuesta de 'plurinacionalidad' que ha hecho efectiva el nuevo PSOE de Sánchez»

ENRIQUE PRADAS MARTÍNEZ

En la Constitución de Cádiz de 1812, siguiendo los cánones establecidos por la Revolución Francesa (1789), se define España como 'nación política', que es lo opuesto a monarquía (absoluta), e iguala formalmente en derechos y obligaciones a todos los ciudadanos. Nación (política) es república. Ni los federalistas ni los republicanos de los siglos XIX y XX lo ponen en duda, y la Constitución (republicana) de 1931, lo reitera. El que fue jefe de gobierno (republicano) en el transcurso de la Guerra Civil, el socialista Juan Negrín, llega a decir en 1938, que «no estoy haciendo la guerra contra Franco para que nos retoñe en Barcelona un separatismo estúpido y pueblerino. De ninguna manera. Estoy haciendo la guerra por España y para España. Por su grandeza y para su grandeza. Se equivocan los que otra cosa supongan. No hay más que una nación: ¡España! Antes que consentir campañas nacionalistas que nos lleven a desmembraciones, que de ningún modo admito, cedería el paso a Franco sin otra condición que se desprendiese de alemanes e italianos».

Tras la II Guerra Mundial (1939-1945), invocando el derecho de autodeterminación, se suceden numerosos procesos de 'descolonización'. Los nacionalismos vasco y catalán, cuya voluntad -por definición- es constituir estados (independientes), se 'apuntan'. Las izquierdas van asumiendo progresivamente el relato que los nacionalistas (secesionistas) hacen sobre supuestos 'pueblos' oprimidos por el estado español. Buena parte del clero colabora con la causa nacionalista y algunos sacerdotes vascos se ejercitan en la teología de la liberación: «ETA nació en un seminario».

Legalizados los partidos de izquierdas y restablecidas las libertades democráticas, se celebran las elecciones de junio de 1977, y tras ellas los ponentes que han de redactar una nueva Constitución 'negocian' una fórmula jurídica que pudiera satisfacer a los nacionalistas, que se oponen a reconocer a España como nación. Los ponentes de izquierdas Peces Barba (PSOE) y Solé Tura (PCE) ponen en circulación en el debate constitucional de 1978 la confusa y equívoca expresión «nación de naciones», que cada uno entiende como le da la gana. Y así seguimos.

Mediante esa ficción jurídica, los ponentes (de izquierdas) creen poder superar el obstáculo que supone introducir en la Constitución el término 'nacionalidades históricas' junto al reconocimiento de la 'unidad de la nación española'. Analizada gramaticalmente, es un genitivo reduplicativo del tipo 'rey de reyes' o 'padre de padres'. Pero mientras la segunda tiene sentido, porque es un modo de describir al abuelo, la primera, o bien se refiere a un rey del que son vasallos o deudores los demás reyes, o bien nos remite a pasajes bíblicos en los que ese rey supremo no es de este mundo. Los nacionalistas catalanes (CiU) dieron el visto bueno al texto constitucional, no así el PNV, que llegó a solicitar que la Constitución fuera votada «nacionalidad a nacionalidad». En 2004, el PNV lleva al Congreso el 'plan Ibarreche' para que el País Vasco sea reconocido como «comunidad libremente asociada al estado español», y no solo como nacionalidad como hasta entonces. También en 2004, Zapatero negocia con Mas, en la intimidad, el Estatuto catalán en cuyo preámbulo se definía a Cataluña como «nación», y no como nacionalidad. Zapatero debió pensar: ¡qué c... más da! Como es bien sabido, el Tribunal Constitucional rechazó (parcialmente) el Estatuto al entender que la Constitución no reconoce más nación que la española.

Quizás interese saber que el tan aludido ahora Peces Barba afirmó en 2011 que en España «no hay más que una nación soberana», y lo demás son «naciones culturales». Y esta es la propuesta de 'plurinacionalidad' que ha hecho efectiva el nuevo PSOE de Sánchez. Nadie en el PSOE parece advertir la diversidad sentimental existente en Cataluña o el País Vasco cuando, por ejemplo, cerca de la mitad de sus poblaciones tienen como lengua materna el español y no el euskera o catalán. De Podemos e IU, mejor no hablar.

Termino proponiendo al lector que piense si el aumento del independentismo en Cataluña no pudiera explicarse por las mismas razones que (se dice) han existido para aupar a Trump, o a Le Pen, o si las izquierdas no han contribuido lo suyo tragándose el relato nacionalista. Piensen en ello. Y vayan pensando qué nacionalidad es la suya.

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