La España que tenemos

JULIO ARMAS

Querido rey Melchor: sólo dos líneas. No os molesto más, majestad, porque me imagino que estaréis destrozado después de la nochecita que habéis llevado trayendo y llevando ilusiones, subiendo y bajando escaleras. Sabed que esta mañana, cuando me he pasado por el balcón, he visto que junto a los libros que os pedí y al correspondiente carbón, me habías dejado la nota que a continuación transcribo: «Julio: como de costumbre no te he entendido nada. ¿Por qué quieres, como regalo, que os enseñe a los españoles a gozar de esta maravillosa España que tenéis? Ya me dirás...»

¿Por el motivo?, ¿me preguntáis por el motivo...? Pues mirad, majestad, os lo explico. Os hablo de los separatistas/independentistas. Veréis, os cuento: lógico es que, aunque yo no les entienda, haya separatistas. Dicen por aquí que de «tó tié c'aber», aunque, siendo justos, pienso que el que una minoría no piense como la gran mayoría no es demérito suficiente para que se les estigmatice y si ellos prefieren la parte al todo, no hay nada que decir majestad, pero, claro está, nada que decir siempre que esa preferencia y sus demostraciones externas encajen dentro de las normas dictadas por la legalidad vigente.

Es así de sencillo. No hay que salirse de las leyes. Creo que fue Cicerón el que dijo que la única forma que tienen los hombres de ser libres es siendo esclavos de las leyes. Si se ha decidido jugar al fútbol todos los equipos deben acatar y comportarse de acuerdo con las reglas del juego del balónpie. Es muy sencillo... aunque algunos no lo entiendan o mejor dicho... aunque algunos, erre con erre, no quieran entenderlo.

Creo que fue don Camilo José (ahora no me apetece levantarme para comprobarlo) quien dijo que la cultura viene leyendo y los nacionalismos se van viajando. Yo también lo creo. Al hombre, y a sus actitudes, lo moldean el espacio geográfico en el que vive y el clima con el que cada mañana se levanta. De la combinación de esas dos variables sale su caracterología.

¿Cómo es posible que alguien prefiera tener una patria pequeña y uniforme, a una grande y diversa? Difícil entenderlo. ¿Decíamos que los nacionalismos se van viajando...? pues hacednos viajar por esta España, majestad, y regalándonos su verdad dejad que un día nuestros ojos se pierdan... (1)

Y es que a la vista está que nadie podrá negar, majestad, la fortuna de la que España goza y exhibe en su diversidad. Y eso a pesar de que hoy en día una minoría considere más apropiada la endogamia generacional, sin caer en la cuenta de que la verdadera riqueza no está en el aislacionismo cutre y cicatero, sino en esa mezcla de sangre y de culturas, de íberos, celtas, fenicios, romanos, cartagineses, godos y árabes... sangres y culturas que al ser asimiladas por nuestro pueblo fueron poco a poco formando el carácter de los habitantes de esta España nuestra, de esta España de hoy no es más que el resultado de muchos pueblos pequeños que se juntaron para formar uno solo.

Una España única, múltiple y diversa, una... (2)

Y este era el motivo de mi petición majestad, aunque os parezca cosa extraña, enseñadnos a los españoles a amar a España... este será mi mejor regalo. Hasta el domingo que viene, si Dios quiere, y ya saben, no tengan miedo.

(1). José García Nieto

(2). Manuel Machado

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